martes, 28 de abril de 2015

Una historia oral de Las Meninas con Santiago García y Javier Olivares

Durante el pasado Salón del Cómic de Barcelona, Santiago García y Javier Olivares se llevaron el premio a la mejor obra de autor español por Las Meninas, un premio muy merecido por el que me alegré mucho ya que supone un reconocimiento a un gran esfuerzo de seis años que ha culminado en una obra excepcional. Además, en un par de días, Absence y yo teníamos una cita concertada con ellos para comer los cuarto juntos y entrevistarlos acerca de esta obra que tanto nos gusta a los dos. Una cita que estaba prevista desde hacía  días y, por tanto, sin saber si iban a ganar o no. De hecho, el día que lo decidimos, Santiago decía que si perdían sería una entrevista triste y deprimente, todo lo contrario de lo que realmente fue.

Roser: En vuestro cómic se habla mucho del interés  y la fascinación que ejerce la pintura de Las Meninas en los artistas de todos los tiempos, como Picasso. Eso también se da en El Ministerio del Tiempo aunque, en la serie, juegan a lo contrario ya que es Velázquez el fascinado por Picasso. Algo  que, históricamente, es imposible: que Velázquez pudiera llegar a conocer en persona a Picasso en el siglo XX.

Santiago García: En la serie, Velázquez conoce a un Picasso muy joven y, de ese episodio, me  gustó el diálogo entre ambos. En especial, cuando le interroga sobre su pintor favorito del Prado y este le responde que Goya… Aunque luego añade que Velázquez, también. Luego, cuando Velázquez le pregunta: ¿Ha visto usted las Meninas? Y Picasso¡Sí, claro! Y Velázquez¿Pero las ha visto de verdad? ¿Ha estado horas y horas delante del cuadro?¡Eso me encantó! En cambio, no me gustó que pusieran en boca suyael típico tópico de que se sabe que un pintor abstracto es un genio porque antes, previamente, ha demostrado saber pintar figurativo.

Roser: Bueno, supongo que eso está hecho adrede. Es más, diría que hasta para burlarse de ello.


Santiago García: Del Velázquez de la serie me interesa la paradoja cultural de que no se pueden transportar objetos de una época a otra pero, en cambio, el conocimiento sí que viaja. En realidad no puedes dejarlo aparcado porque, con el paso del tiempo, cada vez sabes más. Así que, un pintor del siglo XVII que hubiera conocido a Picasso no podría volver a su época y seguir pintando tal como lo hacía antes. Por tanto, ahí se está alterando la historia.

Javier Olivares: El conocimiento tiene que ver con lo que ves, con lo que comes, con lo que tocas, de lo que hablas… Es decir, que el conocimiento es todo lo que va contigo. Por eso, ahora no puedes dibujar como una persona del siglo XVII, ni de 1935 por decir algo. Por mucho que imites, hay un montón de cosas que esa gente hacía de forma natural y que tú no puedes hacer. 

Dani:¿Y eso de que en la serie lo tengan un poco como bufón cómico?

Santiago García: A mí me ha sorprendido pero quizá han querido representar la imagen típica del genio artístico caprichoso.

Roser: Pero vosotros también lo pintáis un poco así. O, mejor dicho, muy ambicioso.

Absence: Yo lo veo oscuro y político.

Santiago García: Él era una persona cuyo objetivo en la vida era ascender socialmente. En la Corte acumulaba cargos protocolarios y representativos muchos de los cuales exigían ser cortesano. Por tanto, no lo veo como un niño caprichoso sino más bien como alguien con poder que sabe manejar a la gente.

Roser: Eso tiene relación con su deseo de ser caballero de la orden de Santiago. Era la única forma con la que podría alcanzar la nobleza ya que por familia era imposible. Por eso los caballeros de la Orden, que eran muy elitistas, no querían darle la Cruz.


Santiago García:Tenían toda la razón para no hacerlo porque no cumplía ningún requisito. Nadie de su familia era noble. Ni sus padres, ni sus abuelos ni ningún otro antepasado.

Dani: Otro paralelismo entre la serie y vuestro cómic sois los dos Javier Olivares. Uno guionista y el otro dibujante.

Javier Olivares: Llevamos toda la vida cruzándonos y la gente confundiéndonos. Él es hermano de la crítica de arte Rosa Olivares y, en los años 80, Javier escribía de arte en la revista Madriz. Así que es una persona con la que compartíamos casi los mismos espacios y se daban casos como que me felicitasen por un artículo sobre arte alemán que yo no había escrito, sino el otro Olivares y al revés, que a él le felicitasen por mis historietas de cómic. Eso ya nos pasaba en 1984. Personalmente no nos conocíamos pero sí que sabíamos el uno del otro por las confusiones de la gente. Luego pasaron años sin coincidir hasta ahora, que nos ha vuelto a ocurrir con el cómic  y la serie.

Santiago García: Hace unos días, en una entrevista digital que nos hicieron, a Javier le preguntaron: ¿Ahora vas a dejar los guiones por el cómic?¡Los volvieron a confundir!

Roser: Por cierto, Santiago…Antes hablábamos del diálogo entre el Velázquez y el Picasso del Ministerio del Tiempo sobre si Picasso había estado horas y horas en el Prado ante Las Meninas. ¿Tú también eras de esos que se pasaban  horas y horas fascinado delante del cuadro intentando desvelar el misterio de Las Meninas y por eso has hecho el libro?

Santiago García: No, ¡Qué va! Para mí este cuadro era como El Quijote y otros clásicos que forman parte de la vieja y rancia cultura tradicional que tenemos y, cuando llegan a ti, ni les prestas atención. Como mucho, los ves como un contenido educativo general y aburrido que te obligan a estudiar en el colegio. Y si lo miras desde la perspectiva del siglo XXI, sin cultivar en el arte, probablemente tampoco le encuentres la gracia.



Absence: Cuando estuve por primera vez en el Prado pasé de refilón por Las Meninas porque prefería ir a ver otras cosas como El Bosco.

Roser: Y yo me fui de cabeza hacia las pinturas negras de Goya.

Santiago García: Por compararlo con algo más parecido, puede que la obra de Ribera te llame más la atención. Pero luego, al profundizar en Las Meninas y saber algo más te das cuenta que de lo bueno que es y empiezas a descubrir lo que hay y la importancia de todos los elementos. Esto, por eso, supongo que tiene que ver con que estudié historia del arte y es algo que me cambió.

Absence: E hiciste el doctorado sobre la novela gráfica, ¿no?

Santiago García: Eso fue un trabajo que formaba parte del doctorado pero no era la tesis doctoral como dice todo el mundo en todas partes y, por más que lo desmiento, siempre vuelve a aparecer. Era un trabajo del doctorado. Luego estaba la tesis, que no hice nunca.

Roser: Aunque a primera vista Las Meninas parezca un retrato de la familia real en realidad dice muchas cosas.

Santiago García: Una cosa que toca mucho los cojones son los tópicos del arte contemporáneo que se repiten hasta la saciedad y que hasta han puesto en boca de Velázquez en El Ministerio del Tiempo, como que el arte contemporáneo es impenetrable, esotérico, hay que explicarlo porque si no, no se entiende. Y yo pienso… Sí claro… Y tú vas y entiendes Las Meninas a la primera, ¿no?

Roser: Yo diría que no se entiende, no.

Santiago García: Claro que no. Hay una figuración que, por tradición,te da a entender algo pero, en realidad, no la entiende casi nadie.

Javier Olivares: La gente tiende a pensar que si reconoce lo que hay representado en la pintura, entonces lo entiende. Pero no es así.

Santiago García: El arte está lleno de pinturas alegóricas con multitud de significados que no entendemos porque es como un lenguaje que ya no hablamos. Por ejemplo… ¿Qué significan esos cuadros de vírgenes lanzando chorros de leche a un señor mayor? ¿Cómo lo interpreta alguien que no tenga ningún tipo de preparación académica?

Absence: ¡Y sin haber leído al Hematocrítico!

Javier Olivares: Por culpa de él ahora, cuando voy a un museo, me río al ver los cuadros porque pienso en la lectura que él les va a dar. Pero también hay que tener en cuenta que, a veces, la lectura real es muy esotérica y hay que estar muy preparado para comprenderla. Hay que  saber de mitología, religión…

Roser: Cuando empecé la carrera de historia del arte estaba pez en religión y lo pasé muy mal al principio porque no entendía nada de lo que veía.

Santo Domingo bebiendo leche de la Virgen
Santiago García: Luego hay quien dice que el arte no es cosa de dinero y pienso… ¡Anda que no! Velázquez, Rubens, Rembrandt y todos los demás no trabajaban solo por amor al arte.

Roser: No, trabajaban por dinero. Era su oficio.

Santiago García: Eran como una factoría que se parecían más a la Disney que a otra cosa.Y luego te discuten que el arte era popular y pienso… Sí… Tan popular que el único que veía esos cuadros era quien los encargaba y pagaba para su disfrute privado. Eso es lo que pasó con Las Meninas que, en doscientos años no lo vio nadie. De hecho, no se empezó a enseñar hasta el siglo XIX. Al arte le han caído una cantidad de tópicos impresionantes y, en el fondo, no dejan de ser chorradas que se repiten como que todo lo de antes era maravilloso, que ahora todo es una mierda y que cada vez vamos a peor.

Javier Olivares: Mi formación académica viene de artes y oficios y allí también estudié historia del arte aunque no con tanto detenimiento como vosotros en la universidad. Allí aprendí que cuando te muestran un cuadro y te hablan de lo importante que es te lo crees porque lo dice todo el mundo pero no profundizas en el porqué de su relevancia.

Santiago García: De eso va nuestro libro y no se llama Las Meninas por casualidad. No es una biografía de Velázquez sino de Las Meninas, del cuadro.

Roser: Pero también es biografía de Velázquez aunque de un periodo muy concreto de su vida.

Javier Olivares: Es porque va implícito con la obra.

Santiago García: Hay gente que no entiende que en el libro hayamos incluido esas interpolaciones sobre la vida de otros artistas. En cambio, es fundamental para la historia que contamos.

Roser: Todo son artistas que, en un momento u otro de su vida, se han interesado por Las Meninas y, además, de forma especial.

Santiago García: Es que ellos también han hecho ese cuadro.


Javier Olivares: Y nosotros hemos apostado por ello. Por eso, al final salimos en el dibujo. No es porque nos midamos con ellos ni que pensemos que estamos a su altura.


Santiago García: Si el cuadro es inmortal no es por Velázquez sino por la gente que lo ha visto. Y ahí está otra vez el tópico del valor inmanente de la obra. Si Las Meninas fuera una de las  que se quemó en el incendio del Alcázar nadie habría sabido de ella y, por tanto, no habría llegado a ser una obra maestra. Pero… ¿Quién dice que no era mejor la de la expulsión de los moriscos que pintó en la justa pictórica y que se quemó en ese incendio?

Roser: Pues este podría ser un buen argumento para un episodio del Ministerio del Tiempo. Tener que ir a salvar Las Meninas del incendio del Alcázar.

Santiago García: O también, tener que ir  a quemar la expulsión de los moriscos para que no llegue a ser esa la obra maestra de Velázquez.


Roser: Como esta es la primera vez que tengo la oportunidad de entrevistar juntos al dibujante y al guionista de una obra concreta, me interesa saber cómo os organizáis el trabajo entre vosotros. Aunque el guion es de Santiago, supongo que Javier también tiene un papel importante en ello. Es decir, que no solo se limita a dibujar lo que el guionista le indica.

Santiago García: Después de la entrega de premios del Salón de Cómic estuvimos hablando sobre guiones con Enrique Sánchez Abulí y ahí quedó muy claro que ahora la forma de hacer tebeos es muy distinta de cuando él escribía los guiones de Torpedo. Yo insistía en que nosotros dos trabajamos en conjunto. Por eso, si te fijas, en la portada del cómic aparecemos los dos como coautores y en ninguna parte verás que ponga que uno es el guionista y el otro el dibujante. Eso es algo que queríamos que quedara muy claro. En cambio, en la edición francesa nos la han colado en los créditos.

Javier Olivares: Pero no en la portada sino dentro y eso que dejamos bien claro que ahí teníamos que aparecer igual que en la portada.

Absence: Existe la tendencia a pensar que el guionista está menos valorado que el dibujante. En cambio, esa idea es falsa porque, en vuestro caso, trabajáis de forma que uno y otro os habéis ido influenciando.

Javier Olivares:La gente que viene a decirme que le ha gustado el libro, aparte de comentarme aspectos sobre el dibujo también me habla de otras cuestiones, como escenas que se resuelven de un modo u otro y que no han sido idea mía sino de Santiago. Eso significa que el lector, a veces, no distingue a quien corresponde una cosa u otra y eso es bueno para la historia.

Santiago García:No sé el motivo pero, por lo general, se tiene la manía de hablar por separado del guion y del dibujo. Primero de la labor realizada por uno y luego de la del otro. En cambio, hace poco leímos una reseña de Las Meninas que me encantó porque hablaba de la totalidad de la obra, sin separar guion y dibujo, ya que aquí somos dos autores.

Roser: Yo la veo como una obra muy completa y unitaria donde no se ve por ninguna parte que sea cosas de dos y eso significa que os complementáis a la perfección.

Santiago García: Por ejemplo, en el caso de Beowulf  hubo muchos comentarios sobre el trabajo personal de David Rubín y de si resuelve una página de una forma u otra o inventa un diseño específico para explicar una escena concreta. En cambio, muchas de estas cosas estaban  plasmadas en mi guion y lo que él hizo fue dibujar lo que había en las viñetas y en los planos que yo ponía. Un ejemplo es la página en que se ve a Grendel corriendo por el bosque y con los dientes hacia adelante.



Por otra parte, también hay gente que me ha dicho lo fantástico que le parece el epílogo final en que salimos los dos. Pues eso fue idea de David. Yo me opuse totalmente e intenté convencerlo de mil maneras distintas para que no lo hiciera pero no lo conseguí y, al final, fue como él quería. Y, por otra parte, también hay muchas cosas visuales que, aunque las ha dibujado David, son idea mía. Lo que ocurre es que a veces la gente confunde guion con historia.


Roser: ¿En Beowulf  David y tú habéis trabajado de forma más separada que con Javier en Las Meninas?

Santiago García: Tampoco… El guion es una propuesta que hago al dibujante y que luego él acepta o cambia según convenga. No es una orden sino un documento de trabajo. Por ejemplo, en la página final han quedado cosas muy parecidas a como yo las había escrito. En otras ocasiones, David ha incorporado modificaciones muy de su estilo y que han significado una mejora e, incluso, determinadas escenas las ha resuelto de forma totalmente distinta a como se planteaba en el guion. En Beowulf se dan las tres casuísticas. Hasta que se termina el guion hay que dar muchos pasos y siempre son los mismos pero hay uno que es fundamental y es dibujarlo. Pero lo hago tan sintetizado que, realmente, no es un dibujo. Básicamente, lo hago para entenderme a mí mismo y organizarme porque, una de las cosas más importantes a la hora de desarrollar un guion, es saber el número y disposición de las viñetas por página. Por eso, a veces, lo único que dibujo son los recuadros de las viñetas con bocadillos y números en su interior.

Absence: ¿Tú sabes dibujar?

Santiago García: En el colegio era el que dibujaba bien pero no tengo un buen nivel.

Absence: Pues yo era el que dibujaba mal.

Roser:Y yo fatal. De hecho, soy incapaz de hacer un solo dibujo. Como mucho, la viñeta vacía con el bocadillo dentro indicando lo que tiene que haber y/o pasar.

Javier Olivares: A mí también me ha enviado Santiago viñetas vacías con números.

Santiago García: Luego preparo el guion con viñetas y texto porque me sirve para revisar, corregir y pulir.

Javier Olivares: Hacer ese paso previo que dice Santiago es importante porque necesitas tener algo para poder cambiar. No sé si seríamos capaces de hacer un guion de la nada. Es decir, sentarnos un día los dos y ponernos directamente a ello. Siempre llega el momento en que alguien tiene que coger un lápiz y plasmarlo en un documento para, después, modificarlo si es necesario. 

Santiago García: Para mí, el autor del cómic es el dibujante y  yo, lo que tengo que hacer es escribir para él, pensando como si fuera él. Es decir, tengo que poseerle mentalmente. Por tanto, no puedo escribir igual para Javier, para David Rubín o para Pablo Ríos, por poner un ejemplo. De hecho, en su día hice el guion de Beowulf para Javier y, cuando al final vimos que no podía ser, apareció David y se ofreció a acabarlo. Entonces lo volví a escribir de nuevo expresamente para él. Cuando empiezo un guion necesito saber quién va a dibujar la historia, cómo y de qué manera. Por eso considero muy importante que antes me manden diseños y dibujos de todo tipo: de personajes, de vestuario, de fondos… Entonces, una vez vistos los dibujos, ya sé cómo enfocar el guion para que el dibujante pueda trabajar cómodamente.



Javier Olivares: En cambio, guionistas de épocas anteriores como Sánchez Abulí no sabían quién dibujaría sus guiones.

Santiago García: Él nos decía que escribía el guion completo, lo mandaba al dibujante y luego este le devolvía el cómic acabado.

Absence: Pero en su caso sí que acabó habiendo  feedback entre Abulí y  el dibujante porque el Torpedo de Bernet  acabó siendo otro porque los guiones eran distintos. Supongo que eso es porque Abulí sí que vio los dibujos de Bernet y adaptó el guion a su manera de dibujar.

Javier Olivares: Este es otro de los casos en que el dibujante acaba influyendo al guionista.


Santiago García: Nunca he trabajado con un dibujante que no conociera. Esto se lo dije a Abulí y se quedó un poco parado.

Roser: Antiguamente, que el guionista y el dibujante no se conocieran era lo más normal del mundo. El otro día me lo contaba María Dembilio, que en los años 60 era dibujante de Selecciones Ilustradas. Ella nos decía que el guion les llegaba de Francia, Italia o el Reino Unido y que jamás llegó a conocer a los guionistas. Esto, además, sorprendió mucho a las dibujantes actuales que participaban en la entrevista.

Javier Olivares: Es normal porque era una época en que se trabajaba de otra manera y la industria era distinta. Vamos… ¡Que eran otros cómics!

Santiago García: Otra cuestión es la relación personal entre guionista y dibujante. Al final, nuestros cómics son muy personales y nuestra relación también lo es. Además, necesito tener un trato cercano con el dibujante. De hecho, incluso a veces lo es demasiado y hasta surgen problemas por eso. Javier y yo nos conocemos desde hace muchos años y nos tenemos mucha confianza. Él es una persona encantadora con la que es muy fácil trabajar, por eso no hemos tenido fricciones ni desencuentros. Cuando estábamos con Las Meninas Javier compartía todo el material conmigo e íbamos viéndolo todo juntos. Él es muy meticuloso dibujando. Hace storyboard… Vemos el cómic entero juntos, lo repasamos, cambiamos cosas… Todo esto ayuda un montón. Cada página que llegaba acabada, antes la habíamos masticado muchísimo.

Javier Olivares: Aun así, con páginas acabadas, permitía hacer cambios porque yo, cuando trabajo con alguien, dejo el ego apartado. De lo contrario, no vas a ninguna parte. Y aunque mi ego está domado, todavía a veces sale. Pero si su idea mejora mi trabajo… ¡Bienvenida sea la idea!

Roser: A veces es difícil saber ver que su idea es mejor que la tuya.

Javier Olivares: Cuando trabajo no veo que eso es mi dibujo o mi página sino que lo que  tengo en la mente es el libro. Siempre tengo la vista puesta en el libro y, si lo que propone Santiago lo mejora, entonces lo hago. A veces él me ha rechazado dibujos pero, como me ha razonado el motivo y por qué no funcionan, los he cambiado sin ningún problema. En cambio, podría haber peleado por ese dibujo que me ha supuesto horas de trabajo pero, si sus motivos me convencen, lo acepto sin más.

Santiago García: Los dibujantes muchas veces tienen su carácter y cuesta hacerles entender ciertas cosas. Por eso es importante tener suficiente confianza entre los dos como para poder decirle que lo que ha hecho no funciona,  que vamos a probarlo de otro modo y que eso no se transforme en un drama.

Absence: Yo sé que tengo un ego desmesurado pero siempre que algún editor me ha hecho alguna observación luego me he dado cuenta de que tenía razón. Así que, también he de decir que soy muy obediente con las indicaciones de los editores. Por ejemplo, con mi texto de Supercómic también me hiciste un par de observaciones, que eran buenas, y que luego apliqué.


Roser:   Siempre pienso que el editor conoce bien su público y sabe perfectamente qué es lo que quiere. De hecho, él es el experto y, por tanto, tendrá razón en buena parte de las sugerencias que te pueda llegar a formular.

Javier Olivares: Aveces te toca trabajar con editores meticulosos que se meten mucho en tu trabajo pero a mí eso no me importa si saben más que yo. Si es así y me explican el porqué mi propuesta no funciona les haré caso ya que, al final, va en mi beneficio, no en el suyo. En cambio, si ves que tiene razón y te niegas a cambiarlo es por puro capricho o porque te costará horas de trabajo volver a hacer el dibujo. Entonces, en este punto, el que pierde es el libro.

Santiago García: Normalmente, cuando un dibujante se niega a hacer un cambio, es por el trabajo que le supone.

Javier Olivares: Pero, en ese caso, eres tú el que pierde.

Santiago García: Si cada observación que le haces al dibujante se transforma en una discusión al final se acabará convirtiendo en una negociación de compromisos. Pero eso tampoco es bueno porque acabas haciendo concesiones. El guionista que trabaja con distintos dibujantes también tiene que ser un poco psicólogo para saber cómo ha de tratar a cada uno.

Absence: Ahora acabo de tener una visión un poco esquizofrénica tuya en Baltimore con un correo de Javier, otro de David Rubín y otro de Manel Fontdevila, todos del mismo día y planteándote problemas distintos.

Santiago García: Pues para cada uno de ellos tendré que adoptar una postura diferente: para uno el de demonio, para el otro seré el ángel y con otro seré el padre severo o consolador. Todo depende de lo que necesite cada cual.

Javier Olivares: Es que, al final, estás tratando con personas.

Roser: Dani a veces me ha visto realmente desquiciada atendiendo problemas de compañeros.

Absence: Yo soy más pacífico. Es muy divertido porque, en casa, los dos escribimos. Tengo tendencia a irme levantando para controlar que los niños no se alboroten demasiado pero ella se concentra tanto que no se entera de nada. Hay días en que llego de trabajar y la veo enclaustrada en su estudio y los niños con la casa patas arriba.

Javier Olivares: Yo soy como tú, Roser. Me aíslo y, de repente, vuelvo al planeta tierra y me doy cuenta que mi hija aún está despierta a las tantas de la noche dando vueltas por la casa.

Santiago García: Hay una cosa cojonuda hoy en día que es trabajar por e-mail. Así, si me mandan algo que me toca los cojones y no me apetece contestarla, me espero y contesto un día después. Así, mi respuesta del día siguiente ya es distinta. Y si aún no lo veo claro, pues mejor dejarlo para más adelante. Además, siempre pienso que lo que vas posponiendo, al final, siempre se acaba olvidando pero eso con Javier no lo hago porque no me hace falta. En cambio, con otra gente hay que dejar que se ablande la situación para evitar una bronca que no nos llevará a ninguna parte.

Roser: Estoy convencida que, para trabajar mano a mano guionista y dibujante ambos tienen que llevarse muy bien, como en vuestro caso. Si no se conocen de nada tiene que ser mucho más difícil.

Javier Olivares: Claro, además cuando ya conoces a la persona hay muchas cosas que ya das por sentadas porque ya sabes cómo es, como funciona, lo que quiere decir… Por ejemplo, con los mails Santiago es muy asertivo mientras yo soy más literario. Él es más seco y va al grano. Eso me gusta porque yo me enrollo y me pierdo en las explicaciones. Además, como hace tanto que lo conozco, sé que se explica así por mail y nunca me lo tomo mal. Por ejemplo, igual le pregunto si podemos quedar esta tarde y me responde… “No, no puedo” sé que es porque no puede de verdad y no tiene porqué darme más explicaciones. En cambio, si alguien que es muy florido escribiendo, de repente me contesta así es mala señal.

Absence: Las relaciones entre guionistas y dibujantes son como breves matrimonios que duran lo que dura el proyecto hasta publicar el libro.

Santiago García: Prácticamente, con todos los dibujantes que he trabajado tengo relación de amistad. Con algunos ya éramos amigos de antes y, con otros, la amistad ha venido después, a raíz de nuestra colaboración.

Absence: Cuando acabas un guion con el que has estado un año trabajando, o más,  y se lo envías a quien lo ha de dibujar ¿No te impacienta la espera hasta que él te pase lo que ha hecho? Para mí, esa espera sería un horror.

Santiago García: Acabas de decir, “que horror que tenga una cosa terminada y que tenga que esperar a que acaben de dibujarla”. En cambio, yo no lo veo así porque no soy guionista sino autor de cómic. Por lo tanto, no considero que tenga nada acabado hasta que el cómic esté finalizado. Así que, cuando Javier está dibujando, yo también estoy trabajando. De hecho, uno de los momentos que más he disfrutado en la vida es cuando estábamos los dos juntos haciendo Las Meninas.

Roser: Eso se nota mucho en el libro porque el resultado es fantástico.


Santiago García: Lo he pasado tan bien mientras lo hacíamos que, cuando estábamos casi al final, le decía a Javier que tenía ganas de acabar para verlo publicado pero que, por otra parte, me gustaría que no se acabara nunca. Estaría toda la vida haciendo este libro. Intercambiando páginas, revisándolas, comentándolas…

Javier Olivares: Es que en el fondo lo que nos gusta no es publicar, que también, pero más el proceso de elaboración. Yo, con lo que más disfruto es con el making, el story. Es decir, el armazón. Ahí es donde disfruto porque, cuando lo estás armando, tienes todo un mundo de posibilidades a tu alcance. En cambio, cuando ya ha pasado esa fase y toca ejecutar todo lo que has elucubrado, empiezan los miedos y las carencias ya que en tu imaginación puedes hacer páginas y páginas de dibujos y texto. Pero, a la hora de ponerlo en práctica es cuando te preguntas ¿Seré capaz de hacer todo esto? Este momento ya es algo más complejo e incómodo.

Roser: Te entiendo perfectamente. Por eso, este es el momento en que toca tirar del ingenio de uno mismo y utilizar todo tipo de recursos. Por ejemplo, Álvaro Ortiz me decía que en Murderabilia el guion se le desmadró y que si hubiera hecho todo el cómic a 9 viñetas por página habría sido un tocho enorme que todavía lo estaría dibujando. En cambio, se le ocurrió lo de hacer páginas con 24 viñetas y así contaba lo mismo pero en mucho menos espacio, truco que ya había utilizado en Cenizas.


Javier Olivares: A veces, lo que no llegas a hacer en la vida te da una gran lección para lo que vayas a hacer después.Y eso lo digo por Beowulf. De ahí aprendí que no hay que perder el tiempo en lo que no es necesario y que es mejor guardar las fuerzas para lo que necesitas. Y yo hice justo al revés. Allí, Santiago y yo estuvimos trabajando un año y medio en conjunto pero sin llegar a hacer el cómic. Trabajamos en la producción, bocetos… Tengo el libro entero en gouache. ¡74 páginas, todo en pequeñito! Y cuando acabé todo este trabajo previo tocaba empezar a hacer el libro de verdad y ya estaba cansado y agotado. De alguna manera, ya lo había hecho aunque solo fuera para trabajar, no para publicar y ahí no pude más. Esto me sirvió de lección para Las Meninas y decidí que no había que gastar las fuerzas en lo que no es tan necesario. Por tanto, aunque la producción de este libro ha sido complicada y laboriosa, me ha servido para aprender. Aquí, el storyboard ha sido mucho más simple y me he guardado las fuerzas para pasarme un año y medio dibujando lo que se tendría que publicar.


Absence: Una cosa muy buena de vosotros es el hecho de que, a pesar de no haber podido acabar de Beowulf juntos, luego os metisteis en otro proyecto.

Javier Olivares: Para mí el momento clave fue cuando apareció David Rubín desatascando la historia.

Santiago García: Debo decir que de igual forma que el Beowulf de David no existiría sin Javier, Las Meninas no habrían existido sin David. Es decir, que aquí David le da a Javier lo que Javier le dio. Verás… Hubo un momento en que estaba metido en cantidad de proyectos a la vez, entre ellos Beowulf con Javier y ¡García! con Manel Fontdevila. Tenía varias cosas en marcha, otras que se habían quedado atascadas y algunas, como Las Meninas, que estaban en fase de proyecto. Su inicio se remonta al 2008 y me tiré cuatro años con ellas yo solo. Aunque Javier ya había hecho algunas cosas, entonces aún estaba por resolver todo el guion. Y  llegó un momento en que no podía más. Estaba aplastado, superado por el exceso de trabajo y pensaba que no saldría de aquello. Entonces, cuando finalmente nos liberamos de Beowulfy de ¡García! lo expliqué en el blog. David lo vio y me mandó un mail donde decía “Aquí estoy yo y mis cojones para terminarlo si tú quieres”


Javier Olivares: Para mí fue un descanso y una liberación. Fue pensar… ¡Gracias, David! Porque Beowulf era un cadáver, un tema muerto que había quedado sin resolver.

Santiago García: David estaba haciendo El Héroe II y aún le quedaban algunos meses para terminar pero se comprometió a ponerse con Beowulf en cuanto acabara y me daba todo ese tiempo para reescribir el guion, cosa que me pareció bien. Entonces vi que tenía que ponerme en marcha porque David es una puta máquina. Me sentía como si estuviera en la vía del tren viendo cómo se acercaba la locomotora, que era David y pensé… ¡O me muevo o me atropella! Es decir, que él me hizo reaccionar. Y como tiene tanta energía dentro me dio como un gran empujón que me sirvió para sacar Beowulf, Fútbol y un montón de cosas más. ¡Luego no podía parar! Era como si Zeus me hubiese lanzado un  rayo y me hubiera convertido en uno de sus heraldos. Y Las Meninas las acabamos gracias al impulso de David porque la forma de terminarlo después de cuatro años trabajando es sentarse a escribirlo de una puta vez y ya está. Y eso es lo que hicimos.

Roser: Tomar la decisión de abandonar un proyecto con el que has estado tanto tiempo debe ser muy difícil.

Santiago García: Si llevas diez años con algo que no se mueve  has de  entender que eso está muerto y hay que enterrarlo porque, si no lo haces, no podrás empezar otra cosa. De hecho, esto también le ha pasado recientemente a Álvaro Ortiz con lo de Caravaggio. Cuando comentó que lo había dejado le escribí y le dije que no se preocupara, que no es ningún fracaso sino reconocer que por ahí no va a ningún lado. Quizá, en algún momento lo podrá retomar pero, por ahora, quitárselo de encima era lo mejor que podía hacer. Además, de todas estas experiencias se aprenden cosas. Por ejemplo, Las Meninas, podría haber sido un libro de 500 páginas pero llega un momento en que piensas… Bueno, estoy un poco hasta los cojones de escribir obras maestras de 500 páginas que nunca se acaban. Así que, vamos a hacer algo que sea posible. Yo no sabía si se podría conseguir en 180 páginas. Era algo que Javier nunca había hecho, ni siquiera con Beowulf. Por tanto, hay un momento al principio del proceso en que tengo más aprensión que nada porque, aunque confío en que Javier lo hará, es la primera vez que se enfrenta a algo así. Cuando empezamos a trabajar, él estaba súper entusiasmado y yo pensaba… Sí, sí… Claro… Pero no las tenía todas hasta que llegamos a un punto, quizá sobre las 100 páginas, en que vi que sí que lo acabaría y no solo porque llevábamos más de la mitad sino por cómo iba el ritmo de trabajo. Entonces, a partir de ese momento, pude empezar a disfrutar. Y la verdad es que ha sido todo un privilegio trabajar con Javier.

Javier Olivares: Le enviaba páginas, le proponía cosas que se me ocurrían y él me decía… “Sí, sí, pero primero acábalo...”

Santiago García: Entonces, cuando ves lo que te envía y te das cuenta de que hay una cantidad de cosas que no esperabas que hiciera y que no salen en el guion, como la forma en que termina una cara o cómo ha puesto una sombra y que son tan perfectas… ¡Todo eso me dejaba perplejo! Así que recibir las páginas de Javier siempre era una fiesta porque veía que mejoraban lo que yo le había enviado.

Javier Olivares: A veces, las reacciones de Santiago ante lo que le enviaba me daban subidones de autoestima. Me decía… “Esto es cojonudo, qué bueno”. Otras veces decía bien, sin más.

Santiago García: En ocasiones mandas un guion y no sabes si al dibujante le ha gustado o no y si se lo preguntas te dice que sí, que si lo dibuja es porque le gusta. Entonces es cuando pienso… Pues joder, ¿Por qué no me lo comentas?

Absence: A Sánchez Abulí esto no le pasaba. Él lo único que sabía es que mandaba el guion y le devolvían el cómic acabado. Y me refiero a él porque es un ejemplo del sistema antiguo.

Javier Olivares: Como lo hacemos nosotros quizá hay más dificultades y complicaciones pero, al final, llega un momento en que  el trabajo de guion y dibujo es indivisible y entonces es cuando se da el resultado perfecto.

Santiago García: También estamos hablando de diferentes tipos de obras. Una cosa es hacer un determinado número de historias y páginas a la semana para mandarlas porque te pagan según una tarifa. Otra cosa muy distinta es tomarte el tiempo que quieras y cobrar derechos de autor. Antes no se trabajaba así ni tampoco se podía. De igual forma, ahora no podría hacerlo al estilo antiguo.

Javier Olivares:El guion es un suelo en el que pisar. Sobre lo que hablábamos del dibujo y el guion hay una cosa que me gusta explicar porque, además, está en una de las páginas del libro. Concretamente en la historia de Dalí. Allí, hay un momento en que él dice… “¡Qué fuerza la de Velázquez!” y Gala le responde… “Si, pero tú le has ayudado”. Yo digo que esa es una influencia que va a contrapelo porque, si lo piensas, la influencia va desde la antigüedad hacia el futuro y avanza en una sola dirección. En cambio, en nuestro caso, no ha sido unidireccional sino como dice Dalí en ese episodio aunque, normalmente, se piense que primero va el guion y el dibujo después. Pues aquí no. En una semana tuve que hacer 16 páginas. Me iba a Lima y casi no tenía tiempo material para hacerlas, así que las dibujé en un tiempo récord y se las mandé a Santiago. Luego, al repasar las páginas acabadas en casa de Santiago, él se fijó en una de las viñetas que había hecho y que le hizo visualizar el libro de otra forma. Por tanto, este es un ejemplo de que, a veces, el dibujante influye al guionista. En cambio, parece como si al hacerse primero el guion tenga que ser él quien me influya a mí pero esa vez fui yo quien le influenció él, cosa que nos pasó más veces durante el proceso de elaboración del cómic.


Roser: Dices que hiciste 16 páginas en una semana. ¿Por qué tanta prisa?

Javier Olivares: Pues porque lo queríamos presentar al concurso FNAC Sinsentido. Me acuerdo muy bien porque Santiago me llamó un día a las dos de la madrugada y me dijo… “Tengo una idea para presentar al concurso FNAC Sinsentido y quedan dos semanas para que acabe el plazo. Hay que hacer 16 páginas y se me ha ocurrido una idea muy buena sobre Velázquez y Las Meninas. ¿Quieres hacerlo?”. Y yo… “Pues sí pero es que mañana me voy una semana a Lima, a un festival de cómic, y aún estoy haciendo la maleta pero mándame el guion por mail, lo leo en el avión y avanzaré el trabajo durante el viaje”. Al final hice el storyboard en el avión. Cuando volví del viaje me hice las 16 páginas en una semana a bi-tono y luego pensé… Qué raro… ¡Lo he hecho todo en una semana! Después, la noche antes de presentarlo al premio estuvimos en casa de Santiago dándole un último repaso y él me dijo “Ahora vamos a mirar el plazo que hay para terminar el libro”,  vimos que teníamos 6 meses y Santiago dijo “pero si no tengo ni el guion hecho, solo es una idea sobre la que trabajar,  voy a tardar meses en hacerlo y tú no podrás dibujarlo en tan poco tiempo”.

Santiago García: Y yo pensaba… Si perdemos, mal porque es un fracaso. ¡Vaya bajón! Pero si ganamos también mal porque solo tendremos seis meses para acabar el libro y es totalmente inviable.

Javier Olivares: Luego Santiago me comentó que una de las viñetas de esas 16 páginas que había hecho le dio a entender que aquello podía ir más allá.

Absence: ¿Esa viñeta está en el libro?

Javier Olivares: No exactamente, porque la cambié.

Santiago García: Pero era la del Escorial.


Javier Olivares: Cuando Santiago la vio se dio cuenta que la historia tenía más posibilidades y, entonces, cambiamos de idea y llevamos el proyecto a Astiberri. Ellos, entusiasmados, nos dijeron que sí. Lo que ocurre es que al final tardamos seis años en acabarlo. Desde 2008 en que empezamos hasta 2014.

Santiago García: El guion no se resolvió hasta después de Beowulf. Es decir, a partir de 2013. Hasta ese momento me estuve comiendo el coco, mareando la perdiz, leí mucho…

Absence: Pero a la vez ibas aprendiendo, que eso es muy importante.

Santiago García: En ese tiempo, maduras muchas cosas. Yo no he hecho ningún cómic que no tenga muchísimos años detrás de ideas, trabajo, pensamientos… Todo lleva detrás una historia profunda y muy larga. En el caso de Las Meninas te aseguro que no habría sido capaz de escribirlo todo en el 2008. Lo que escribí entre 2012 y 2013 no habría podido hacerlo cuatro años atrás. Por otra parte, debo decir que este libro no existiría sin Astiberri y esto es muy importante comentarlo porque ya estoy harto de oír a gente decir que en España no hay editores. En cambio, Astiberri ha producido este libro y desde el principio nos ha dado apoyo moral e intelectual, porque te dan su opinión y te comentan las cosas sin decirte lo que tienes que hacer. Lo que quiero que haga el editor es su trabajo y eso es justamente lo que hace Astiberri. Es una gente que se juega su dinero y, si la cosa va mal, repercute en la empresa.  Por tanto, lo que a ellos les interesa es ganar dinero con nuestros tebeos. Y repito que de no ser por Astiberri nosotros no habríamos hecho Las Meninas. Además, te apoyan y te sientes acompañado. Cosa que es muy importante.

Javier Olivares: De vez en cuando, en tu mundo de autores y dibujantes necesitas el suelo. Me refiero al suelo como algo concreto que existe. Es el papel, las características técnicas del libro y todo aquello de lo que no te ocupas hasta que está al final del proceso. De hecho, el libro no es real hasta que no lo editan.

Absence: ¿E interceden sugiriendo mejoras de cuestiones que quizá no les acaben de gustar?

Santiago García: Eso nunca. Te apoyan mucho. Además, han pagado adelantos espaciados a Javier para que lo hiciera y que no han sido del 50% de la tirada sino más para que él pudiera dedicarse durante meses a dibujar y eso lo han hecho porque sabían que lo iban a recuperar. De hecho, ahora mismo ya ha salido la segunda edición y la primera era de 5.000 ejemplares. Para un libro que vale 18 euros eso no es una cosa elitista ni marginal. Ahora mismo tenemos en la calle 8.000 ejemplares de Las Meninas. Y vendido a los dos países más importantes de occidente. Eso no es hacer el gilipollas. Es trabajar, es hacer cómic, producir y hacer industria. Y ahora mismo, gracias al premio del Salón del Cómic, probablemente hemos ganado más de lo que ganaríamos haciéndolo para Francia y lo hemos hecho mucho mejor aquí que para Francia porque nos habrían tocado los cojones cantidad. De hecho, en la edición francesa, la portada no es la nuestra y han tocado todo lo que han podido tocar.

Javier Olivares: No les gustaba la portada española y la quisieron cambiar.

Santiago García: Nosotros, por contrato, teníamos el control sobre la portada francesa pero los de la editorial, de repente y sin consultarlo antes con nosotros, nos empezaron a mandar diseños y bocetos de viñetas interiores del libro para poner una de ellas como portada y dando por sentado que no contaban para nada con la de Astiberri. Pero, la verdad, utilizar una viñeta interior como portada es horrible. Y entonces, a partir de las propuestas del diseñador francés, empezamos una larga negociación-discusión intercambiando bocetos hasta que al final Javier tuvo la idea de dibujar esta otra portada partiendo un poco del concepto de la editorial francesa.Esto del cambio de portada no es nuevo para mí porque también nos pasó con Beowulf, ¡Y vaya mierda hicieron! Pero… ¿Qué os sugiere esta portada de Las Meninas en francés?

Absence: Es el proceso creativo ¿no?

Roser: Está enfrascado en la elaboración de una  de sus obras.

Javier Olivares: Ellos querían que la portada resumiera lo que pasa en el libro pero es que pasan muchas cosas...


Santiago García:Por cierto, me gustó mucho el análisis que hizo Raúl Minchinela de la portada de Las Meninas de Astiberri porque todo lo que dice es cierto pero antes no lo había pensado. En realidad esa portada es un boceto y nada más. En cambio, Raúl la analiza de modo que te explica que todo el libro está resumido en ella. Por ejemplo, los trazos que hay pintados de blanco, en los ojos y en la gola, se corresponden con el aspecto artístico y con la nobleza.

Javier Olivares: En cambio para mí era un aspecto estético-práctico. Luego te das cuenta que a veces tomas decisiones gráficas que, en realidad, no tienen nada que ver con lo gráfico sino con corrientes de pensamiento que tú articulas de forma razonada.


Santiago García:No hay ninguna conclusión ni ningún mensaje. Yo no escribo mensajes cifrados. Nosotros hacemos tebeos y los tebeos son un montón de páginas con dibujos que cuentan una historia. Eso es hacer un tebeo. Por eso, cuando me preguntan ¿Qué querías decir? Yo no quería decir nada, solo contar una historia.

Absence: Pero empiezas duro, con Foucault.

Santiago García: Mucha gente, incluso amigos, me ha dicho que ese principio era un error y hasta me han intentado convencer para eliminarlo porque pensaban que iba a echar al lector para atrás. Yo, en los cómics, doy mucha importancia al ritmo. El ritmo en cada escena y, a gran escala, cuando se hace una novela gráfica también hay que controlarlo. Cada parte tiene que tener un ritmo. De hecho, a veces tienes que mantener  escenas que son una mierda porque necesitas algo entre una y otra y es mejor meter una mierda que no meter nada. Pero también es importante la sintonía y pensar en términos musicales. Este principio de Foucault es como empezar una sinfonía a base de chirridos que, poco a poco, se va aclarando y apareciendo la melodía. Por eso la primera parte del libro es la más caótica y la más difícil. Sé que la gente la lee y se queda medio sorprendida pero, a la que quiere darse cuenta ya ha llegado a la mitad. 

Roser: Tienes razón que al principio cuesta un poco y es un tanto desconcertante. Al menos, a mí me dejó un poco aturdida pero luego pasado eso, ya le encuentras todo el sentido a las demás interpolaciones que van surgiendo: Picasso, Buero Vallejo, Dalí



Santiago García: Ahora hablamos del principio del libro pero el final de una obra también es súper importante aunque hay quien dice que no lo es tanto sino que lo que importa es el camino. Pues yo creo que el final pesa tanto como todo lo demás junto.

Absence: El final sí que importa pero si veo una película con la que me lo he pasado muy bien durante el camino pero el final me ha defraudado, la verdad es que no me parece tan terrible.

Roser: Entiendo lo que dice Santiago. De hecho, hace tiempo que casi no leo novelas porque en la mayoría me decepcionaba el final. Siempre les veía un subidón impresionante hasta la mitad y, de ahí al final, es como si el autor no supiera cómo acabarlas.

Santiago García: Es mejor empezar mal y acabar con un final potente que no al revés. Aunque no tengas final, tienes que tener un buen no final. Tienes que saber llegar a él y, en nuestro caso, sé que a los lectores les encanta el final porque es muy potente.

Roser: Como Velázquez murió al poco de recibir la cruz de Santiago siempre he pensado que, como era algo que deseaba tanto, cuando lo consiguió pensaría: “Ya es mía. Ahora ya me puedo morir en paz”. Y eso hizo, morirse.

Santiago García:Y su mujer tras él. Ella falleció una semana después.


Absence:¿Y eso de que se pintó la cruz de Santiago tiempo después de pintar el cuadro es cierto?

Roser: Es cuadro lo pintó antes de que le concedieran la cruz.

Santiago García: En realidad no se sabe exactamente cómo ocurrió pero, si la pintó después, lo hizo reservándose un espacio vacío en sus ropajes.

Absence: Una cosa que no sabía era que el cuadro no tenía título.

Santiago García: El título es del siglo XIX. Antes, las pinturas no tenían título. Solo se les daba el nombre del tema que trataban o el del personaje que aparecía retratado.



Javier Olivares: De hecho, si os fijáis, la única vez en que se menciona “Las meninas” en todo el libro es en la portada.

Santiago García: Bueno sí, una sola vez. Además, es algo que he tenido que insistir en todas las correcciones que se han hecho del libro porque se piensan que es un error y no lo es. Está hecho a posta. Es cuando Picasso está enseñando el cuadro de las señoritas de Aviñón y le preguntan por el título. Entonces, responde que “Las meninas de Avignon”. Por  otra parte, una cosa que me ha parecido muy gratificante es que, con todas las reacciones que han habido acerca de este libro, la gente siempre ha tendido a destacar los momentos en que yo creía que eran los golpes de efecto, cosa que me ha hecho muy feliz.



Absence: El momento en que a mí me atrapa definitivamente es con lo de Ribera, El Españoleto. Toda esa parte oscura y siniestra en que parece un diablo.

Javier Olivares: Esa viñeta en que parece que sea el demonio, con la chimenea en llamas detrás,  se me ocurrió a mí. Lo de las llamas. Santiago lo sugiere y yo lo redondeo.


Santiago García:Todo eso es mérito de Javier porque, todo lo potente de la parte de Ribera es el dibujo y el acabado que le da Javier. Cuando me mandó la página que corresponde al segundo encuentro entre Velázquez y Ribera, que es como un garabato, pensé… Pero esto, ¿qué cojones es? No lo ponía en el guion. Solo ponía que se encuentra con El Españoleto pero no que tuviera que dibujarlo así porque, evidentemente, eso no se puede explicar.

Javier Olivares: Velázquez se encuentra con él en dos momentos de la historia. El primero es muy intenso y,el segundo,incluso lo dibujé sin lápiz porque quería conseguir esa sensación de fuerza que tiene. Pero eso solo lo hice en esas cuatro páginas. En cambio, hay gente que me pregunta por qué no he hecho todo el libro así. Evidentemente, porque mi estilo va detrás del libro, no delante.


Roser: Además, a cada capítulo le has dado un enfoque y un estilo acorde con lo que ocurre en la historia y esa forma de dibujar, cuando el segundo encuentro con El Españoleto, no se adecuaría tan bien con otros momentos del libro.

Santiago García: Antes os he dicho que, cuando escribo para Javier lo hago como si fuera él aunque, en realidad, no lo soy. Pero él, cuando dibuja, hace cosas que van más allá del guion. Como la de Ribera o el dibujo de El Escorial, con todas estas capas planas de color, que me pareció flipante. O la escena en que Velázquez se ve obligado por el rey a dejar Italia para volver a España. Allí, en una misma escena, Javier pinta primero a Velázquez como si fuera una caricatura y luego, de inmediato, pasa a ser dramático.



Javier Olivares:Cuando Velázquez se imagina que se le aparece el rey y le ordena que vuelva es un personaje cómico. Hasta da saltitos. En cambio, cuando se encuentra con la madre de su hijo cambia el tono y se vuelve serio. Así que pasa de ser un personaje caricaturesco, porque el guion entonces es de humor, a otro dramático porque la ocasión lo requiere.


Santiago García: Eso es mérito de Javier porque yo eso no lo puedo escribir. Y una cosa que me sorprende es que la gente nos suele decir que es un cómic serio pero, en cambio, creo que  está lleno de humor.

Absence: Por supuesto que tiene mucho humor.En el desarrollo de la historia incluso hay episodios que me recuerdan a los tebeos de Bruguera. Por ejemplo, la parte del Conde de Villamediana lo es claramente. Y eso es muy de tebeo español.


Santiago García: Desde luego, claro que hay Bruguera y mucho humor. Por ejemplo, cuando Velázquez está pintando el cuadro y entra el Rey todos se vuelven hacia él y le empiezan a llamar Majestad, Majestad… Todos, excepto el perro que le llama Felipe.

Javier Olivares: Probablemente, es porque de todos los personajes que había, el único que tenía derecho a llamarle por su nombre era el perro. Eso es brillante porque es cierto. Para el perro, Felipe IV no era el rey sino su amo.

Absence: O la de la historia del matrimonio de Felipe IV e Isabel de Borbón.

Santiago García:Esta tiene una inspiración muy concreta a partir de Fabricar historiasde Chris Ware. Yo no sabía cómo resolverla y cuando vi el cómic de Ware  di con la solución. Pero, ¿A qué no lo parece? Porque inspirarse en algo no es imitar sino entender lo que funciona.

Roser: Por otra parte, detrás de esta historia hay un trabajo de investigación impresionante.

Santiago García: Es cierto que me ha supuesto todo un trabajo y esto no lo habría podido hacer si no hubiera estudiado historia del arte. 

Roser: Con este cómic me he enterado de cosas que no sabía cómo lo de William Merritt Chase, el pintor impresionista norteamericano cuya obsesión con Velázquez era tal que hasta llamó a su hija así: Velázquez.

Santiago García: Es que, a lo largo de la historia, ha habido cantidad de personajes obsesionados con Velázquez y hay gente que me pregunta por qué hemos puesto un personaje tan secundario como Merritt Chase en medio de tantos artistas importantes  y yo les digo que porque no solo las grandes figuras del arte se han visto influenciadas por Velázquez sino que, también, otros más desconocidos.


Roser: Vuestro libro hasta se podría hacer leer en las escuelas. Sería una buena forma de aprender historia del arte.

Javier Olivares:Quizá serviría para que los chavales tuvieran curiosidad para investigar. Creo que la clave que ha hecho que el libro funcione es porque ha contado nuestra historia sin prejuicios, sin vergüenza y sin bajar la cabeza y, por otra parte, porque lo ha hecho de una forma más pop y divertida. En cambio, hasta ahora, nadie se había atrevido a hacerlo así porque parecía que se trataba de algo intocable y difícil. Como de película de Pilar Miró y de la compañía de teatro clásico en verso. En cambio, cuando realizas un acercamiento de forma normal, como también han hecho en El Ministerio del Tiempo, te encuentras con que de repente Lope de Vega se convierte en Trending Topic y descubres que es tan divertido como puede ser Shakespeare o cualquier otro icono cultural. Por ejemplo, a todos nos pareció que Shakespeare enamorado era una película muy divertida pero, en cambio, a nadie se le ocurriría hacer Cervantes enamorado. Parecería ridículo y de risa pero, en realidad, lo es tanto como Shakespeare enamorado o tan divertido y brillante. Entonces… ¿Por qué no nos atrevemos? Si nuestra historia es tan interesante para contar como la de cualquier país?

Santiago García: En España tenemos un problema muy grave de memoria histórica que, además, repercuten en los problemas de identidad que tenemos y en los problemas de cohesión tanto nacional como social. Hemos querido huir de eso porque pensamos que tiene una carga política cuando, en realidad, lo que tenemos que hacer es recuperarlo, entenderlo y hacerlo nuestro. José Riello, el profesor de Historia del Arte de la Universidad Autónoma de Madrid, dice que le parece muy grave el hecho de que Las Meninas, y muchas otras obras, estén muertas y fosilizadas en el museo como parte de la cultura española a quien nadie le importa. Por eso, este libro hace un favor al cuadro de Velázquez y no al revés porque saca Las Meninas del museo y hace que la gente las vea.

Javier Olivares: Una de las gracias de nuestro libro es que hay un acercamiento a lo español pero sin carga ideológica. Hasta ahora, todo lo que fuera español era patrimonio de un grupo muy concreto.

Absence: Hasta ahora, Javier, no tenías una gran obra por la que la gente te reconociera. En cambio,  Las Meninas lo es. Aunque eres un dibujante excepcional, no tenías una obra por la que ser recordado.

Javier Olivares:A pesar de haber hecho mogollón de páginas de historietas durante muchos años y haber editado en libros, necesitaba algo que me diese presencia y Las Meninas lo es. En el fondo, cuando estaba haciendo este libro, la idea que Velázquez tenía de la trascendencia y de querer pasar a la historia se podría traducir un poco en la manera en como yo estaba abordando la realización de este cómic y era pensando en hacer algo que tuviera un cierto peso. Antes, había hecho los Cuentos de la estrella legumbre, que es un libro que me gusta mucho y me define muy bien pero es muy marginal y, con él, no puedo salir al escenario y decir… He hecho esto. En cambio, con Las Meninas sí.Por tanto, esa intención de trascender de Velázquez me resultaba muy cercana porque yo estaba haciendo esta obra, siglos después, con el mismo propósito.



Absence: ¿Velázquez quería trascender?

Roser: Por supuesto que sí. Y eso lo dejáis muy claro al principio del libro cuando Velázquez, casi al final de su vida, se muestra enormemente preocupado porque aún no ha pintado su obra maestra.

Santiago García: Creo que hizo Las Meninas para pasar a la posteridad. Los pintores de esa época tenían el concepto de la fama muy arraigado.

Javier Olivares: Pensaban en la fama incluso en vida.



Santiago García: No hay pintor de esa época que se recuerde hoy que no fuera famoso en su día. Los que entonces no eran importantes tampoco lo son ahora.

Absence: Bueno, pero está lo de Van Gogh, que en vida era un muerto de hambre.

Roser: Pero Van Gogh es posterior y, en su época, la situación de la pintura era otra. Entiendo que aquí estamos hablando de los pintores barrocos que sí que eran famosos en vida. Eso lo decís en vuestro cómic. Concretamente, cuando Rubens se encuentra con Velázquez en Madrid y le habla de la pintura como industria que da dinero y te conduce a la nobleza.


Javier Olivares: Para mí, en el libro, Rubens y Ribera son como el diablo bueno y el diablo malo que aparecían en los tebeos,  cada uno situado a un lado del personaje diciéndole lo que debía hacer. Pero lo curioso de todo esto es que no me di cuenta hasta después de acabar el libro. De hecho, ahora aún sigo encajando piezas de la historia. Además te puedo decir que en el episodio de Rubens, las dos primeras páginas estaban entre las 16 que hicimos para el concurso de FNAC Sinsentido. Por tanto,tienen seis años.

Santiago García:Y todo el diálogo con Rubens también estaba en esas 16 páginas.

Javier Olivares: La totalidad del libro fue dibujada hace dos años excepto estas dos páginas que tienen seis, pero es que cuando las hice me gustaron tanto que las dejé.


Absence: Y ahora, ¿Cómo las veis? ¿Notáis la diferencia de años?

Javier Olivares: Yo sí.  De hecho, cuando tuve que dibujar la continuación me di cuenta que no era capaz de dibujar los personajes de la misma forma, cosa que no deja de ser bonita y terrible a la vez.

Roser: Yo le veo la parte buena, porque significa que has evolucionado y, si lo hicieras exactamente igual querría decir que ahí hay un estancamiento. Además esto es algo que siempre me decís los dibujantes en las entrevistas, que cuando veis dibujos vuestros de hace unos años pensáis que ahora los haríais de forma diferente.

Javier Olivares: Como dibujante, te das cuenta que no eres el mismo que hace cuatro años.  La forma de dibujar se va enriqueciendo y cambiando con el tiempo. Y de repente me encontré con que esas 16 páginas las dibujé hace años y Santiago las había incluido en el guión del libro.

Santiago García: Javier hace muchos años que está muy maduro y, aunque él lo vea, no tiene esas variaciones que pueda tener otra gente que parezca que lo hayan hecho dos personas diferentes y esta es otra de las cosas importantes de Las Meninas, que es un libro de viejos. Sí… Es un libro que haces con una edad. Además es importante porque, en general, hay muy pocos cómics hechos a partir de cierta edad. La mayoría de autores suelen ser muy jóvenes y cuando se hacen mayores, lo que hacen es trabajos de subsistencia cuando, en realidad, es la edad en la que cualquier escritor empieza a hacer cosas de verdad. No sé vosotros, pero yo he madurado muy tarde en todo.

Roser:¡ Dímelo a mí, que ahora empiezo a hacer cosas interesantes!

Absence: La semana pasada leí: “Daniel Ausente, la gran promesa de la novela fantástica española”. Y yo pensé ¿Pero cómo pueden decir que soy la gran promesa si tengo casi 50 años y me puedo morir en cuatro años de un achuchón? ¡No puedo ser la gran promesa!


Santiago García: Vivimos en una sociedad en que todo mira a la juventud. Y dices… Bueno, perdona… Pues vivo mucho mejor ahora que cuando era más joven. Estoy más equilibrado, entiendo mejor las cosas… En definitiva, que hay muchas cosas que hago mejor que antes. En general, he pasado por la vida si entender nada pero, de pronto, veo que empiezo a entender algo. Por eso digo que es una obra de viejos, porque no podría haberla hecho hace diez años. Pero matizo que es una obra de viejos, no para viejos.

Javier Olivares: Los primeros elogios que recibimos sobre Las Meninas no vinieron del mundo del cómic sino del de la literatura. Luego se ha ido incorporando el del cómic a través de los blogs. Por tanto, indica que es una obra que no pertenece a ningún colectivo, que es lo que estábamos buscando. Nosotros no queríamos orientarlo solo al mundo del cómic. A pesar de que esté realizado en este formato, es un libro que le habla a cualquier persona.

Santiago García: Una cosa que me toca los cojones es cuando gente culta a la que le gusta la literatura, el cine, el arte y que conocen muy bien algunas obras experimentales, viene y te dice que el cómic ahora no mola porque ha perdido la diversión, la ciencia ficción y tal. En cambio, ellos se dedican a hacer sus obras experimentales. ¿Y no tengo derecho a hacer lo que me da la gana, en el medio que me gusta para que tú mantengas tu fantasía pulp-trashde que en cómic solo tenemos derecho a hacer marcianos que vienen a la Tierra y vivir perpetuamente en un escenario de los años 50? Pues si me gusta lo que hago, no me vengas a decir que tengo que seguir perpetuando, toda mi vida, los tebeos de Jack Kirby. Aunque, en realidad, adoro a Kirby. Es como si les digo que se tienen que pasar la vida haciendo películas dramáticas como las del Hollywood de los años 50 porque el cine es eso y no tiene que cambiar.

Absence: Creo que hay dos caminos diferentes y que el cómic ha tardado más a llegar a un punto donde el cine llegó antes. Por ejemplo, ahora aprecio más cuando el cine va para atrás y el cómic va para adelante. Me lo paso mejor con una película de Keanu Reeves dando hostias y, en cambio, prefiero leer un cómic que no vaya de un tío dando hostias. Además, las cosas no tienen porqué ir en paralelo.

Javier Olivares: De hecho, nadie funciona en paralelo y si es así es que estás muy mal.

Santiago García:Pero, ¿Por qué hay gente que te va diciendo lo que tienes que hacer? Si luego, en lo suyo, hacen todo lo contrario de lo que te dicen.

Javier Olivares: A mí me gusta mucho esa definición que hacía un historiador del arte sobre la influencia de los artistas, que decía que era como un pasillo lleno de espejos y en el que el último pintor no recibía la influencia del primero sino el reflejo del penúltimo. Así que el reflejo primigenio tú no sabes ni lo que es porque a ti, lo que te llega es mucho más reciente. El del inmediatamente anterior a ti, que ya está tan intoxicado que no puedes ni imaginar lo que sería al principio.

Santiago García: A mí lo que me gusta no es hacer muy bien algo que ya se ha hecho sino algo nuevo y diferente.

Roser: Pues con Las Meninas lo habéis conseguido.

Santiago García: Cuando estábamos haciendo el libro, nos dimos cuenta de que no teníamos modelos porque nunca se había hecho nada parecido. Eso nos daba un poco de miedo porque, de repente, te encuentras pisando un terreno que no sabes si te la pegarás o si funcionará.

Javier Olivares: Cuando no tienes modelos, como no tienes referentes, te atreves a hacer cosas que en otro momento no probarías. Con este libro, he usado todo lo que he aprendido en toda mi vida. Aquí dentro están Alex Thot, Kirby, Moebius, Guibert, Bruguera… Era como ir a un chino y coger todo lo que me hiciese falta. Además, lo mejor de no tener referentes es que, aunque estás perdido, eres libre y entonces te atreves. Es decir, que me estás obligando a utilizar todo lo que he aprendido. ¡Qué bien!


lunes, 13 de abril de 2015

"Nunca habrá una Moebius". Una historia oral de mujeres dibujantes

"El Incal" - Jodorowsky/Moebius

"Nunca habrá una Moebius". Esto es lo que le dijo Ana Miralles a Carla Berrocal el día en que se conocieron en Santander. Una frase suficientemente contundente como para que Carla decidiera dar el paso que la llevó a crear la Asociación de Autoras de Cómic (AAC). Por eso y porque Clara Soriano ganó el premio al autor revelación del 32 Salón del Cómic de Barcelona, la historia oral de este año va de mujeres. Mujeres que dibujan  (y muy bien, por cierto) y tienen mucho que decir.


Aunque parezca hecho a posta, que la entrevista de este año sea a autoras de cómic y que en el Salón programaran una exposición sobre mujeres dibujantes durante el franquismo ha sido una feliz coincidencia. El tema lo escogí ya hace un año y no me enteré de lo de la exposición hasta después de haber contactado con todas las participantes: la propia Clara Soriano, Natacha Bustos, Ana Oncina, Mamen Moreu, Bea Tormo, Carla Berrocal, Mireia Pérez, Sandra Uve y María Dembilio. Esta última, la más veterana y una de las dos únicas mujeres dibujantes de Selecciones Ilustradas.

Por la imposibilidad de vernos todas a la vez, la entrevista fue realizada en distintas fases. Una primera reunión con algunas de ellas en  el restaurante pakistaní donde suelo realizar casi todas las entrevistas y acompañada de Absence. Otra segunda fase en un café de Sants y, las demás, por vía telefónica. Pero lo que no contaré es con quién me reuní en cada ocasión. Eso lo dejo para vuestra imaginación.

Roser: Ya era hora que alguien se acordara de vuestras antecesoras con una exposición. ¿No os parece?

Natacha Bustos: La muestra está dedicada a las dibujantes de entre los años 40 y 70 y, algunos de los miembros de la Asociación de Autoras de Cómic que somos más activos como Makira Vila, Raquel Perritil y Andrea Lucio, estamos colaborando con Ficomic. Bueno, más que colaborar lo que hacemos es dar visibilidad a nuestra asociación con debates y cosas por el estilo ya que no nos han dejado meter mucha baza en la exposición. 

Carla Berrocal: Pero hemos dado un paso de gigante a la hora de plantear ciertas cosas a Ficomic. Una de ellas es esta exposición y también ha sido un acierto tener un espacio dentro de las charlas del Salón. Hay que ir metiendo mano poco a poco. Las cosas no se pueden cambiar de un día para otro  y más con una entidad como Ficomic que es predominantemente masculina, con un solo director que lleva la batuta y que decide todo lo que hay que hacer y lo que no. Es importante que, en este tipo de Salones tan mayoritarios y comerciales la mujer tenga visibilidad porque, al final, lo que nos interesa es que el gran público nos conozca y sepa que hay mujeres que dibujan.

Sandra Uve: Lo correcto habría sido que Ficomic hubiera delegado en la Asociación y que, desde ahí, se hubiera comisariado decidiéndolo todo acerca de la muestra, desde el título a los contenidos.

Carla Berrocal: Ficomic es una empresa privada que vela por sus propios intereses y, de alguna manera, busca el apoyo de la Asociación para beneficiarse y lo que han hecho con esto es como decir… Mirad, nosotros también incluimos a las chicas… Así que, desde este punto de vista,  tampoco estoy muy de acuerdo.

Mireia Pérez: Lo primero que deberían haber hecho a la hora de darle forma a la muestra es asesorarse bien. Especialmente en cuanto al título. En otro contexto podría tener sentido pero así, aislado, se presta a confusión.

Roser: Pero el título que yo he visto es muy aséptico…

Mireia Pérez: Es que lo han cambiado. De entrada era De profesión sus tebeos que se relacionaba con de profesión sus labores, que es lo que indicaba la cartilla de familia de los años 40-50. Así que si pones este título a una exposición que es crítica con eso, entonces vale. Pero en realidad, va de cómic romántico y de hadas. Entonces, en este caso, ya no solo estás haciendo una asignación de género muy concreta sino que estás perjudicando a alguien. Es como darle la vuelta al tema y volver otra vez sobre lo mismo.

Clara Soriano: A mí ese primer título no me gustaba. Lo comenté en la asociación y empezó a salir gente diciendo lo mismo. A partir de ahí, Marika habló con los organizadores y acordaron cambiarle el nombre por otro mucho más neutro.

Carla Berrocal: Era muy poco acertado pero, al menos, Ficomic se dio cuenta y lo rectificó. Y ahí sí que la Asociación tuvo suficiente peso como para conseguir cambiarlo.

Natacha Bustos: Ahora es Autoras de romance durante el franquismo español, años 1940-1970. O sea, un título totalmente genérico que es como al final se acaba haciendo siempre. De hecho, cuando nos lo comunicaron,  no generó muchos comentarios en el grupo. A la gente no le pareció ni bien ni mal.

Sandra Uve: Al final acabaron escogiendo lo más práctico para todos.

Absence: Supongo que la intención era buscar un título ingenioso sin darse cuenta que no era el adecuado.

Clara Soriano: Querrían un nombre gracioso y al final se convirtió en algo desafortunado. Los títulos siempre son peligrosos porque igual piensas que es muy bueno y que todo el mundo lo va a entender y luego nadie pilla el chiste.

Natacha Bustos: Han pecado de inocencia.


Absence: La mayoría de mujeres que dibujaban en esa época hacían romance. Igual ellas preferirían hacer western o ciencia ficción pero las ponían a hacer romance.

Roser: Tú, María, empezaste a trabajar en Selecciones Ilustradas siendo muy joven. ¿Qué tipo de historias dibujabas?

María Dembillio: De amor, claro… Al principio solo me pedían cosas de chicas pero luego, ya con mi marido, hacíamos historias de aventuras. En Selecciones casi no había mujeres dibujantes. Solo Julita Hispano y yo.


Carla Berrocal: Fernando Fernández, que también estuvo en Selecciones Ilustradas, escribió un ensayo titulado Memorias ilustradas, editado por Glénat, en el que contaba lo que ocurría en la agencia.  

Roser: Y Carlos Giménez tiene Los profesionales donde relata su experiencia en ella en los años sesenta.



Sandra Uve: Que María trabajara de dibujante en Selecciones Ilustradas fue todo un logro en su época y la cuestión es que pudo trabajar de lo que le gustaba aunque fuera dibujando historias románticas.

Mireia Pérez: Si tienes que hacer una exposición sobre la trayectoria de las mujeres dibujantes de los años 40, tienes muchísimas posibilidades que acabe tratando historias de hadas y romances y, si te empeñas en encasillarlas en esas temáticas, al final acabarás haciendo machismo.

Ana Oncina: Es una manera de encasillar a la mujer igual que cuando se habla de hacer cómic infantil. Parece que solo sean las chicas las que hacen cómics para niños cuando eso no es cierto.

Mireia Pérez: Tengo la sensación de que cuando en El jueves quieren hacer una historia de amor o de asuntos de género siguen llamando a mujeres dibujantes en lugar de a hombres. Yo dejé de colaborar con ellos por esto.

Bea Tormo: Yo sí que las hice pero no creo que fuera machismo y, además, me pareció interesante.



Mamen Moreu: A mí en El jueves siempre  me pedían historias de juergas. Como lo mío es más cafre y hago un tipo de historias que antes eran más habituales en los tíos pues ya no se atreven a pedirme según qué.

Sandra Uve: Ahora nos quejamos de que las revistas nos hacen encargos para hacer historias femeninas porque somos chicas. Pero eso también es trabajo y lo importante es que seas honesta contigo misma y que luego puedas hacer lo que realmente quieres. El problema, en realidad, no está en que seas mujer dibujante sino en que este oficio nuestro en España se paga muy mal.

Natacha Bustos: Últimamente ha habido una gran polémica con la portada de DC Cómics en que el Jocker amenaza a Batgirl. He leído mucho sobre ello y hay que conocer el contexto. En DC, Batgirl es un personaje nuevo orientado a adolescentes y hacer eso con la portada es como si metieras a Mickey Mouse rajado.


Absence: Mickey Mouse  aparecía picándose en publicaciones underground como el Star.

Natacha Bustos: Mickey Mouse era un personaje ya establecido a diferencia de Batgirl, que es nueva y que se está intentando introducir a un público joven. De repente, meter ese personaje en otro contexto puede hacer que a los fans les descuadre un poco. A mí me encanta el cómic underground pero este no es el caso ya que se destina a un público generalista. De todos modos, la portada en sí no me parece mal.

Absence: Todo esto es bueno hablarlo con vosotras porque estáis más sensibilizadas pero a mí no me parece que haya para tanto.

Natacha Bustos: Como portada, tampoco me parecería tanto si estuviera en el número de Jocker. Pero es que está en el de Batgirl.

Sandra Uve: Se ha sacado tanto de quicio que hasta me parece increíble. Ella es una superheroína que pega y que le pegan. Por tanto, ella da y también recibe ñecos. Y lo más preocupante de todo no es que sea una superheroína a la que le pegan sino  que en la vida real sí que hay mujeres a las que les dan de verdad. ¡Batgirl se sabe defender perfectamente!

Absence: Si esa misma portada se hubiera hecho con Robin en lugar de Batgirl nadie se escandalizaría. La antigua Batgirl era paralítica por culpa de Jocker. Todo esto me hace pensar en el caso de Tintín en el Congo, que fue tachado de racista. Y es cierto, lo es. Pero ¿Qué hay que hacer? ¿Prohibirlo o explicar el momento histórico en que fue escrito? Se podría utilizar como un arma educacional. Es decir… Mirad el concepto que se tenía antes que se hacían estos cómics sobre negros. Así que, en lugar de censurarlo, deberían añadir una introducción explicativa indicando que esto pasaba en la Europa de hace ochenta años.

Natacha Bustos: Igual que Moebius, que también es tachado de machista. ¡Pues no me parece raro que lo fuera por la época en que trabajaba! Qué iba a ser… ¿Feminista?

Absence: Vosotras, como dibujantes, ¿percibís estas cosas que yo no percibo?

Natacha Bustos: Sí claro. Por ejemplo el cómic americano es muy bestia. La cultura está constituida en valores masculinos y hemos crecido con eso.

Ana Oncina: Lo importante es intentar cambiarlo porque al final nos hemos acostumbrado a vivir así.

Natacha Bustos: Por eso, para mí la asociación de autoras ha sido un despertar porque, como dice Ana, nos habíamos adaptado a vivir así. De hecho, como autoras jamás hemos recibido ningún tipo de discriminación pero sé que ocurre y, con el tiempo, te vas dando cuenta.

Absence: ¿Todas vosotras estáis comprometidas con la Asociación?

Bea Tormo: Yo no formo parte pero las demás sí.

Clara Soriano: Bea piensa por su cuenta.

Carla Berrocal: Yo a la Asociación la veo desde el punto de vista de la educación, la promoción y la divulgación del trabajo realizado por las autoras y creo que juntas se pueden conseguir muchas cosas. Un ejemplo es el caso de Rosa Galcerán, a quien hemos premiado este año. Si no llega a ser porque un grupo de chicas decide que hay que reconocer a esta mujer no se habría hecho la exposición del Salón del Cómic
Ilustración de Rosa Galcerán para la colección "Azucena"

Sandra Uve: A mí la Asociación me parece guay pero estoy de acuerdo con Bea de que la segregación no es buena. Además, pienso que la industria del cómic se aprovecha cuando hay una agrupación porque le es más fácil aniquilar un bloque único que no individualmente. Por eso creo más en la lucha individual y en que debería haber una red para hacer cosas más concretas como la exposición de mujeres dibujantes de la que hablábamos antes.

Mireia Pérez: En Madrid no hay muchas autoras de cómic. Son más numerosas aquí, en Barcelona y la Asociación me fue muy bien para entrar en contacto con ellas. Tenía ganas de dar con otras autoras y al final las encontré por Internet.

Roser: ¿Por qué habéis decidido asociaros?

Mireia Pérez: Por necesidad y para dar más visibilidad al cómic hecho por mujeres ya que se hacen cosas muy interesantes que hay que resaltar.

Natacha Bustos: Al principio fue Carla quien estuvo más ahí con el tema.

Carla Berrocal: Todo empezó hace unos tres años en la feria del libro de Santander. Allí coincidí con Ana Miralles e hicimos muy buenas migas. Teníamos muchas afinidades y, entre otras cuestiones, hablamos del papel de la mujer en el cómic. También me dijo esa frase de la que hablábamos antes, de que nunca va a haber una Moebius y me impactó tanto que me hizo pensar en que había que cambiar las cosas o, al menos, intentarlo. Entonces fue cuando surgió la idea de la Asociación y contacté con Marika Vila y Elisa MacCausland para proponérselo y aceptaron encantadas. A partir de ahí creé el grupo de Facebook y la cosa fue creciendo hasta que, a finales de 2013, lo lanzamos de forma más oficial con una asamblea durante el Salón del Cómic de Barcelona.

Clara Soriano: De hecho, Bea también estuvo en la antesala de la asociación cuando no era más que una idea de Carla. Luego, Natacha nos lo contó y ahí empezó todo un debate entre nosotras. Unas estaban más convencidas, otras menos… A mí misma, hubo cosas que me gustaron y otras que no pero, en general, vi que podía salir algo bueno de todo ello y me uní. Llevamos poco tiempo y podríamos decir que aún se está creando su identidad pero, por ahora, ya hemos hecho cosas interesantes como exposiciones y la concesión del premio a una autora de larga trayectoria.



Mamen Moreu: Recuperar el trabajo de autoras de otras épocas es muy interesante. Me ha permitido poner un nombre a los dibujos que yo veía de pequeña en los tebeos de amor y princesitas que leía mi madre. De hecho, el otro día, en una entrevista que nos hicieron a Clara y a mí nos preguntaron si conocíamos a todas las dibujantes de la exposición del Salón de este año y había muchas que desconocía ya que, de niña, no me fijaba en el nombre de las autoras. Y luego, al hacerme mayor, rápidamente empecé a disfrutar con el cómic underground y gamberro.

Mireia Pérez: Eso de destacar figuras relevantes está muy bien. En La Central de Madrid estamos preparando una serie de charlas y encuentros para el mes de mayo donde habrá algunos miembros de la asociación.

Clara Soriano: Últimamente hemos hecho un listado de publicaciones del año 2014 en las que han participado autoras y está bien para tener datos sobre lo que hay.

Natacha Bustos: La idea era crear una base de datos de autoras porque, muchas veces, cuando se preparan antologías de cómic de tíos, me preguntan… ¿Conoces tías dibujantes? Y yo… ¡Pues sí! Y ahora, con lo de la asociación les paso la lista de autoras.

Mamen Moreu: Además, también ha servido para que nos conociéramos entre nosotras y nos agrupáramos. Antes, cada una iba por su lado.

Bea Tormo: Por una parte estoy de acuerdo con Clara con lo de organizar exposiciones y tal. En cambio, lo que no me gusta es que tengamos que segregarnos para ser visibles. Creo que es lo contrario de lo que deberíamos hacer. Si esto mismo lo hubieran hecho los hombres los tacharíamos de machistas.

Absence: En la Asociación de Críticos y Divulgadores de Cómic solo hay una mujer.

Clara Soriano: La nuestra se llama Asociación de Autoras  igual que podría haber sido Asociación por la Igualdad de Autores y Autoras pero era un nombre muy largo. En la asociación también hay chicos, lo que ocurre es que algunos pasan de mojarse por la causa feminista o sí que la apoyan pero de lejos, sin implicarse demasiado. Como sabes, en una asociación puede haber mucha gente apuntada aunque al final siempre hay unos más activos que otros.

Bea Tormo: Discrepo en eso de que nos tenemos que juntar para que nos hagan caso. No lo comparto y por eso no estoy en la asociación. En cambio, soy feminista y sigo mi lucha individualmente.

María Dembillio: Cuando estaba en Selecciones Ilustradas hice una aguada y Toutain me pagó menos que a los hombres. Yo, que soy muy prudente, no me quejé pero mi novio, Julián, me dijo… Haré yo una y la entregarás como si fuera tuya, a ver qué pasa”. Y así lo hicimos. Cuando se la di a Toutain se la miró detenidamente y me dijo… Moolt bé!, Moolt bé!”... Entonces le pregunté “¿Me pagarás como a los demás?” y él me contestó: no”. Y yo… ¿Por qué?” Y él… “¡Pues porque tú no tienes una familia que alimentar!”.

Sandra Uve: La industria del cómic sigue siendo súper machista. De hecho, no hay tanta diferencia entre lo que ocurre ahora y los comentarios asquerosos de Toutain hacia María.

María Dembilio y Julián Morote
representados en la viñeta superior
Carla Berrocal: Cuando le dimos el premio a Rosa Galcerán nos contó cosas de su vida realmente alucinantes, como que tenía que dibujar con su hijo sentado sobre la falda, que se la cuestionaba mucho por ser mujer en este oficio. Todas ellas son mujeres muy valientes.

Roser: En esa época las dibujantes erais casi inexistentes pero ahora aún tenéis poca visibilidad. El mundo del cómic se ha considerado siempre masculino y el año pasado, cuando Clara ganó el premio al autor revelación, pensé en lo interesante de celebrar un encuentro de autoras y, además, este año, también estáis nominadas Ana y Mamen.


Mamen Moreu: Sí, pero solo estamos nostras dos. De hecho, tampoco hay ninguna autora nominada al premio de mejor obra de autor español y Emma Ríos podría haber estado perfectamente. De todos modos, este año lo tenemos difícil porque Inercia, de Antonio Hitos, es acojonante.


Roser: Yo llevo años entrevistando a autores y hoy es la primera vez que lo hago a las chicas. Además, algunas de vosotras habéis participado en la adaptación al cómic de Todas putas de Hernán Migoya. Un libro que trajo cola en su momento y tú, Carla, fuiste la coordinadora.

Carla Berrocal: Hernán tenía la intención de hacer una adaptación de sus cuentos al cómic y, antes de irse al Perú, se reunió conmigo en Madrid para decirme que le haría mucha ilusión que me encargara de coordinar su proyecto y que quería que fuera llevado a cabo solo por autoras para responder, de este modo, a toda esa gente que lo acusó. Así que me puse manos a la obra y escogí a todas las que pude. Hernán quería que fuera una cosa muy ecléctica e hicimos una selección de autoras con un estilo muy definido y reconocible como, por ejemplo,Ana Galvañ o Patricia Breccia. Yo estoy muy contenta con el resultado porque creo que quedó un libro bastante bonito.

Natacha Bustos: Hernán había recibido tantas críticas que luego, con el cómic, quiso exorcizar el tema. Quizá fue un libro avanzado a su tiempo y por eso no se entendió.



Roser: ¿Qué os llevó a aceptar la propuesta de Carla?

Natacha Bustos: Al principio yo era reacia a participar pero al final me convenció y, cuando lo leí, me di cuenta que lo que él hace en realidad es darle la vuelta al asunto. Es un poco como lo de Perdida, la película de David Fincher, que fue tachada de misógina.  

Clara Soriano: Que lo hiciéramos solo chicas era para buscarle la puntilla.

Mireia Pérez: Hace un par de días participé en un encuentro en una librería de Madrid  para hablar  de mi cómic La muchacha salvaje. Entre los asistentes había un señor que me dijo muy amablemente que no le gustó nada el giro que hay en las escena de sexo hacia el final. La escena empieza con lo que debería ser una violación y acaba siendo otra cosa y le costó asimilarlo. Además, antes de leerlo se lo dio a su hijo de diez años. Me encantó que me viniera a la charla solo para decírmelo y cuando se marchó me dio las gracias y me dijo que había aprendido mucho. Ya solo por eso valió la pena hacer el cómic.


Ana Oncina: En Croqueta y empanadilla utilizo un humor súper blanco para todas las edades. Tanto lo leen niños como adultos y, aunque me gustaría introducir escenas de sexo, no me atrevo porque parte de mi público es infantil.

Natacha Bustos: ¡Sí que puedes hacerlo!


Mireia Pérez: Ni se darán cuenta de lo que significa porque aún no lo entienden. Hace unos días en la librería, en la planta baja, donde tenemos  una selección de cómics que se venden muy bien - entre ellos está el tuyo, Ana. También el Hematocrítico y Moderna de Pueblo. Todos, libros que llegan a un gran público - añadí Los traviesos de Marion Fayolle. Es un libro pequeño lleno de ilustraciones de escenas de sexo dibujadas de forma que los genitales son sustituidos por objetos. Es decir, que en lugar de la vagina puede haber una máquina de escribir o lo que sea. Pues una mujer que estaba allí con sus hijos, lo vio y nos puso una hoja de reclamación porque se había sentido molesta por las imágenes de desnudo. Se escandalizó muchísimo y su reacción afectó mucho más a sus hijos que el propio libro, que lo único que les había hecho era reír. Consiguió precisamente lo contrario de lo que pretendía.


Ana Oncina: Entiendo lo que me queréis decir pero también pienso que, si meto escenas sexuales, igual mis lectores  se lo toman mal.

Mireia Pérez: Tienes que hacer lo que te apetezca. ¿Quién no ha leído a Moebius con 12 años o a Milo ManaraYo iba a las librerías de cómic con nueve y diez años y jamás se me ocurrió comprarme El Víbora que me echaba para atrás por las portadas de tías en pelotas. En cambio, ahora sé que me habría encantado el contenido. Por suerte estaba la colección de BrutComix, de La Cúpula, con muchas portadas sin tetas.


Absence: en esa época Hernán Migoya era el redactor jefe de la revista y metía ese tipo de portadas porque así vendía más.

Natacha Bustos: E iba destinada a un público masculino.


Absence: Todas vosotras, quizá excepto Natacha con Chernóbil, hacéis un tipo de cómic que no podría hacer un hombre.




Mireia Pérez: Pero…. ¿Por qué no? ¡Si mi cómic, La muchacha salvaje, lo  podría haber hecho un hombre perfectamente!

Natacha Bustos: También hay cómics muy feministas realizados por hombres.

Roser: La mujer rebelde de Peter Bagge, sin ir más lejos.



Natacha Bustos: Además, lo que hacemos nosotras aun es muy minoritario. No somos súper ventas como Paco Roca. En cambio, el tipo de historias que él hace también las puede hacer una mujer aunque en  Los surcos del azar toque un tema muy concreto masculino. Quizá si lo hubiera hecho una mujer lo habría enfocado desde otro punto de vista, ya que en la guerra no solo sufrían los hombres.

Absence: Jaime Martín en Las guerras silenciosas lo hace.

Roser: Carla, en tu historia de Enjambre hablas de las cosas que te molestan como mujer dibujante y citas como ejemplo ciertas preguntas “machistas” de algunos periodistas.

Carla Berrocal: Yo no me corto un pelo y cuando me dicen cualquier chorrada respondo con otra. Si me preguntan lo típico de que si creo que las mujeres pintamos diferente les contesto que porqué no les preguntan eso mismo a los hombres. Además, ese tipo de preguntas suelen hacerlas chicas periodistas y, cuando les contesto esto, se quedan un poco cortadas. O bien le doy la vuelta y les pregunto que si por ser mujeres ellas escriben diferente a los hombres. Entonces es cuando se dan cuenta de que no es así.


Natacha Bustos: Sí claro. Yo acostumbro a trabajar con chicos y hay periodistas que me han preguntado cómo me siento al trabajar con hombres. Pues… ¿Cómo me voy a sentir? Igual que si fuera una mujer, claro. Es absurdo.

Mamen Moreu: Una vez me preguntaron lo siguiente: ¿Por fin han conseguido las mujeres reírse de sí mismas? Y mi respuesta fue que las mujeres siempre lo han hecho.

Bea Tormo: En un artículo sobre ilustradoras me preguntaron cosas de este estilo, que si las dibujantes tenemos una sensibilidad especial y tal. Además, quien me entrevistó ni tan siquiera se había informado sobre mi trabajo actual. Me ponía como autora de El jueves y ya hace tiempo que no estoy allí. Así que lo primero que tendría que haber hecho es documentarse.



Carla Berrocal: No hay que contestar desde el cabreo porque, enfadada, no consigues nada.

Clara Soriano: El tema de los tópicos femeninos va en aumento si el que te entrevista no sabe de cómic. A veces, bloggers como tú hacéis preguntas mucho más interesantes que ciertos periodistas que no tienen ni idea y entonces es cuando empieza el interrogatorio sobre sentimientos y cosas así. Como no conocen tu trabajo…

Bea Tormo: Yo he leído un montón de buenas entrevistas a autores donde el periodista se interesa por la técnica, las horas de trabajo echadas... Todo  súper profesional. Luego, el mismo periodista entrevista a una mujer y empiezan las preguntas tontas.

Clara Soriano: Pero fíjate si quien pregunta es de un medio especializado o no. Ahí está la diferencia.

Sandra Uve: A la prensa hay que manejarla y tú tienes responder lo que quieras, te pregunten por lo que te pregunten. Por eso digo que hay que manejarla. La prensa española es prensa española y es necia porque es española. Lo siento, pero es así. Hay muy pocos periodistas en este país que hagan buenas entrevistas sobre cómic. Uno es Alfred Crespo, de Ruta 66  y hace unas entrevistas de puta madre.

Carla Berrocal: Hay que dejarlos en evidencia. Tú misma lo sabes que, a veces, te viene un periodista a entrevistarte y no tiene ni idea de lo que haces y ni tan siquiera ha tenido la decencia de documentarse antes. Pero el rollo de cabrearse no sirve para nada.

Roser: María, en tu época supongo que no venía ningún periodista a haceros entrevistas.

María Dembillio: ¡Eso mismo estaba pensando! Que nosotros no éramos nadie. Y mira que Carlos Prunés, por ejemplo, era muy bueno pero no interesaba a la prensa. Ni él ni ninguno de nosotros.


Ilustración de Prunés para Bang!

Roser: De hecho, se os consideraba simples empleados. No teníais ni reconocidos los derechos de autor. 

María Dembillio: Y los hombres, aunque fueran solteros, cobraban más que las mujeres. Mi marido, Julián, cuando aún no estábamos casados, cobraba más que yo.

Roser: También deberían haber espabilados como Vázquez en Bruguera, que dibujaba la primera página entera y el resto lo dejaba a medias. Así, con suerte, si no se las revisaban, cobraba todo el sueldo.

María Dembillio: Eso no era solo cosa suya, en Selecciones Ilustradas también pasaba. Los dibujantes, cuando iban mal de dinero y querían cobrar tenían un truco. Hacer media página, echarle un bote de tinta por encima e ir a Toutain con el cuento de que se les había derramado la tinta. Y él, que era un buenazo, les pagaba como páginas hechas. Al final se dio cuenta y ya no volvió a picar. Era una época en que los dibujantes vivían al día. Cobraban y con ese dinero se iban de viaje a París, Londres o donde fuera. O se compraban un coche. La cuestión era reventarse la paga.


Revista Can-Can, 1958
Roser: En comparación con los sueldos que había en España en los años 60 los dibujantes estabais bien pagados.

María Dembillio: Yo no por ser mujer pero ellos sí que cobraban bien.

Absence: ¿Alguna vez habéis tenido la sensación que os han invitado a colaborar en un proyecto solo por ser mujeres y así cubrir el cupo y quedar bien?

Bea Tormo: Sí, pasa mucho pero cuando ocurre la respuesta es fácil. Solo hay que decir, no gracias, no me interesa. Y no quiero participar por tal motivo.

Mamen Moreu: A mí no me ha pasado.

Natacha Bustos: Pues yo diría que ocurre siempre.

Sandra Uve: Borja Crespo es la persona que me ha colocado en más mesas redondas y conferencias y sé que no lo ha hecho por cubrir un cupo de número de tías. Pero sí que es verdad que muchas veces eso ocurre. 

Mireia Pérez: Yo dije que no a Todas Putas y a Enjambre porque, en su momento, me venía mal de fechas. Pero además no le encontraba demasiado sentido participar.




Natacha Bustos: Enjambre está coordinado por Susanna Martín. Ella es una persona muy activista con la causa y debería considerar que era importante la exclusividad femenina en el libro. Ese es su punto de vista.

Ana Oncina: Esa iniciativa no salió de Norma Editorial sino de Susanna. Ella fue quien lo planteó a la editorial.

Carla Berrocal: Coordinó Enjambre pensando en una reivindicación de la autoría de mujeres. El libro tiene sus más y sus menos con sus aciertos y sus fallos. De hecho, mi historia no es de las mejores pero, en cambio, considero que la de Ana Galvañ es muy buena. Además, no te voy a engañar… Yo voy a tirar hacia Todas putas, que es mi hijo, claro. Quizá Enjambre es demasiado ecléctico y tiene muchas cosas distintas pero se ha vendido muy bien. En cambio, Todas putas pasó más desapercibido.



Bea Tormo: Yo no participé ni en Enjambre ni en Todas putas y, aunque Enjambre tiene historias muy buenas, no encuentro mucho el sentido a ese trabajo. Lo de Todas putas es distinto.

Sandra Uve: Yo tampoco participé en ninguna de las dos. No me lo propusieron. He estado unos años totalmente out, desaparecida de las redes sociales e Internet, sin televisión y sin hacer las reseñas de cómic del Ruta 66. Es decir, sin enterarme de nada de lo que se publicaba y, de golpe, empecé a recibir mensajes diciéndome “se ha publicado un cómic que es la representación de todas las dibujantes que hay en España y tú no apareces en él”. Ese cómic era Enjambre  pero, en realidad, ni están todas ni es una representación de nada pero al verlo me encendí y creo que escribí a Carla Berrocal para preguntarle quien había coordinado el libro y me dijo que fue Susanna. Al final todo quedó en un malentendido y una tontería. De hecho, había tantas chicas dibujantes que tuvo que escoger.

Clara Soriano: Ni yo participé en Enjambre. En parte, porque el primer contacto desde la editorial fue un poco torpe ya que no supieron explicar bien el proyecto. Luego hubo gente a la que se lo contaron mejor y las convencieron pero, aun así, yo seguía sin verlo claro.

Sandra Uve: Luego, cuando vi el libro publicado, casi me alegré de no haber participado porque el resultado no me acabó de convencer y eso que hay autoras magníficas que en solitario funcionan maravillosamente y, en cambio, en un libro conjunto quedan más diluidas.

Mamen Moreu: Ese cómic sirvió para demostrar que no son ciertas algunas cosas que se dicen por ahí de nosotras, como que todas dibujamos igual, que tenemos un estilo más naïf o que trabajamos menos. En realidad, sabemos trabajar en equipo, cada una de nosotras es diferente y cada cual tiene su estilo particular.


Bea Tormo: Al final, si acabamos haciendo cómics antológicos de mujeres para que se nos vea, solo nos llamarán para cosas así y nos habremos metido en la boca del lobo nosotras mismas.

Roser: Igual fue como respuesta a Panorama de Santiago García, en que solo participan un par de chicas y un montón de chicos.

Mamen Moreu: No sé hasta qué punto pudo serlo pero a mí, que casi no hubiera autoras, me tocó las pelotas. 


Sandra Uve: En  Rubor participan solo cuatro chicas, mientras que el resto todo son chicos. De hecho,  Jordi Pastor, que fue el coordinador, podría haber metido a más mujeres pero la selección le salió así y quedó homogénea y bien.

Clara Soriano: Ese es el cupo, ¿no? El cupo es lo que utilizan los hombres para demostrar que su grupo no es machista. Es decir, que si en el grupo metes una mujer ya has cumplido. Por eso, me gusta cuando hay gente como Bea que no le mola cuando el grupo es solo de autoras porque es como más sincero. En cambio, a los grupos de autores que meten solo una o dos mujeres les sirve de justificación para decir que “no somos machistas porque en el grupo hay mujeres”. Pero eso en realidad es hipocresía.

Roser: Es que no hay que poner a más chicas solo para cumplir el cupo sino que lo importante es que el libro sea coherente y homogéneo, como dice Sandra.



Mireia Pérez: En su día, Carla Berrocal y yo abrimos un hilo que iba en esa dirección y que se llamaba Tebeo colectivo con la intención de coordinar una antología de mujeres. Lo que ocurre es que luego nos dimos cuenta que cada una hace un tipo de cómic distinto y que juntarnos en una misma antología era absurdo. Es lo mismo que pasa cuando invitas a una mesa redonda a autoras de distintos géneros. Ya me dirás tú de qué van a hablar una autora de superhéroes, una de cómic de terror y una de independiente si no tienen nada en común… ¿De cuándo les baja la regla a cada una? Lo bueno de este hilo de correo es que de ahí surgió Caniculadas.



Natacha Bustos: Susanna, como activista, quiere dar visibilidad a las autoras y considera que esa es la forma. Para ella es muy importante y hay que entenderlo y respetarlo.

Ana Oncina: La época en la que vivimos, que es de discriminación positiva, tampoco tiene sentido. Yo espero que dejen de salir antologías de mujeres a favor de otro tipo de libros que recuperan obras hechas por mujeres. Y que se publiquen cómics con antologías de autores gays, por ejemplo y que abarquen todo un siglo.

Absence: Enjambre es un cómic con el que os he podido comprender por una historia que hay que me ha ofendido como hombre. Va de una mujer con mucho trabajo y que su marido es un inútil. Yo, que tengo hijos y comparto las tareas domésticas con Roser, me sentí molesto porque el personaje del marido es un inútil con voluntad. Es decir, porque quiere. Yo, habrá cosas que haré mejor o peor que mi mujer pero entre los dos nos apañamos. Así que lo que me molestó es que lo pinten como un inútil por voluntad propia. De hecho, desconozco si la intención de las autoras era hacer algo sutilmente ofensivo para el sector masculino o es que les salió así pero me decanto más por esta última opción.



Ana Oncina: Hasta ahora hemos vivido solo un lado de la historia pero también hay que ver la otra parte.

Absence: Se ha hablado mucho de la tipificación de la mujer pero conozco muchos casos de hombres humillados, no maltratados, un tema que aún es más tabú que el otro.

Mireia Pérez: Eso me hace pensar en Escombros, de Dave Cooper editado por La Cúpula en los 90.  El protagonista era un piltrafilla que descubría que había una raza alienígena que iba dando poder a las mujeres para se hicieran fuertes en la sociedad y dejaran de necesitar a los hombres. Al final, acababan todos encarcelados y las mujeres sacándoles el semen. Lo leí a los quince años y me pareció una de las obras más subversivas y radicales que se han llegado a hacer porque va más allá del feminismo.



Absence: ¿Y qué pensáis de la figura del calzonazos?

Mireia Pérez: O sea, el hombre blandengue que decía El Fary. Yo creo que lo del calzonazos va por otro lado, va por lo hipster, la moda y los cocineros gourmets.

Absence: Yo me refiero al de los años sesenta.

Mireia Pérez: El calzonazos del que hablas, Dani, está dejando de existir porque ahora el hombre se está apropiando de terrenos que hasta ahora eran femeninos. Ya te digo… La moda, la cocina, llevar a los niños al colegio…

Roser: A mí me contaron que Jodorowsky se tiraba a la mujer de Moebius, en su propia casa, mientras Moebius dibujaba en el salón. Es decir, que era un calzonazos.

Mireia Pérez:  Moebius era mi ídolo hasta hace cosa de una semana que leí una entrevista que le hicieron en 1996 y se me cayó el mito. Antes ha dicho Natacha que qué se podía esperar de un autor de cómic en el año 1996... Pues yo de un genio esperaría mucho más. Por lo menos que respetara a las mujeres como su igual y no fuera por ahí diciendo que nuestra genética hace que dibujemos menos. ¡Vaya pieza! 

Roser: Algunos de vuestros cómics tienen una parte autobiográfica importante. Por ejemplo Ana, en Croqueta y empanadilla” hablas de la vida de pareja y los protagonistas sois tú y tu chico, aunque ambos con apariencia no humana.

Ana Oncina: Hablo de la cotidianidad y de tonterías que me pasan. De hecho, hablar de mi vida no me cuesta porque no hay que inventar mucho. En cambio, desarrollar un planteamiento como lo que hace Natacha me parece todo un trabajo. Por tanto, de momento, estoy cómoda con mis historias autobiográficas.



María Dembillio: Al menos vosotras inventáis. Nosotros no inventábamos nada.

Bea Tormo: Yo a veces hago historias autobiográficas y las cuelgo en internet pero hacerlo en papel me da un poco de apuro. Ya sé que la red es gratis y lo lee todo el mundo pero el paso al papel no me apetece mucho.

Clara Soriano: Hace tiempo empecé un tumblr que actualizo muy poco y que se llama Las cosas claras. Allí me dibujaba a mí misma pero, al final, me acabó dando vergüenza. Ahora estoy enfrascada con una historia de fantasía que no tiene nada que ver y tengo guardadas en el cajón un par de historias muy autobiográficas. Me gustaría publicarlas aunque no sé cómo hacerlo sin contar cosas que no quiero que se sepan. Tendré que ficcionarlo porque no me atrevo a sacarlo tal como pasó. Hay que ser muy valiente para hacerlo.

Roser: Pues para historia autobiográfica real la de Los juncos de Sandra Uve, donde cuentas tus relaciones amorosas. Además, ahí descubrí que Rubén Lardín y tú fuisteis pareja, cosa que desconocía y me hizo mucha gracia.

Clara Soriano: Joder ¡Rubén! (risas). Eso es ya ser muy sincero. Pero para hacer un cómic autobiográfico debe ser así o totalmente ficcionado. Dejarlo entre medio no mola.

Sandra Uve: ¿Y por qué os hace tanta gracia lo de Rubén?

Roser: Yo porque le conozco y porque descubrir eso leyéndolo en un cómic tiene su gracia ¿No? Es como si un día, de visita en tu casa, te hubiera pillado el diario y me lo hubiera leído a escondidas tal como dice Santiago Segura en el prólogo.


Sandra Uve: Pues el original de Los juncos estaba en un diario. Así es como lo que vieron en Astiberri y hasta se plantearon hacer una edición en rústica, con su candado y todo pero encarecía demasiado los costes. Este cómic es muy importante para mí y me han escrito muchas personas diciéndome lo identificadas que se han sentido con la historia. Como a todos alguna vez nos ha dejado la pareja o nosotros a ella, es un sentimiento por el que todo el mundo pasa alguna vez en la vida. Por otra parte, el hecho de haber sido tan fiel a la realidad provocó grandes enfados y durante mucho tiempo aunque luego se solucionó. Pero también dio pie a anécdotas divertidas como que una de mis parejas que aparece en el cómic acabó teniendo fans gracias al cómic. Él era DJ en un local muy famoso de Barcelona y, mientras pinchaba música, las chicas se le acercaban para preguntarle si era el que salía en Los juncos. Así que pasó de estar muy enfadado conmigo a estar encantado porque le habían salido fans (risas).


Bea Tormo: Mis historias autobiográficas son muy exageradas y acaban siendo historias de cosas que han pasado pero contadas como me gustaría que realmente hubieran sucedido.

Mamen Moreu: A mí me hubiera gustado ser bastante más explícita y atreverme a contar cosas más bestias. De hecho, al principio me contenía pero al final de cómic ya se ve que voy tomando confianza y me suelto más.

Roser: ¿Y tus padres qué dicen?

Mamen Moreu: Recuerdo que la primera vez que me dibujé en El jueves me pinté en bolas metida en la bañera y pensé en qué dirían mis padres. Él, que es agricultor y ha trabajado toda la vida en el campo, no entiende Resaca”. Eso sí, vino a la presentación, me apoya, me felicitó cuando me nominaron al premio y tal pero cuando vio el cómic le dijo a mi madre: Pero… Esto que cuenta  la niña que es ¿De putiferio?

Roser: Haces humor gamberro autobiográfico, que tanto puede hacer un hombre como una mujer. Un ejemplo es Albert Monteys.

Mamen Moreu: Precisamente, mi forma de contar las cosas viene de Tato de Monteys, que me encantaba y siempre pensaba que me gustaría crear un personaje femenino que fuera como él. Al final es lo que hice con Marcela pero llevada a mi terreno. Así que, sin Tato, no existiría Marcela.


Mireia Pérez: Yo espero que en el futuro mi obra vaya hacia ese terreno porque me interesa.

Absence: Una cosa que me encanta de Croqueta y empanadilla es que aunque dibujes a la pareja como alimentos el resto de personajes son todos humanos. Eso le da un contraste maravilloso.

Ana Oncina: Hace unos días, durante una presentación en Valencia, una mujer me preguntó si había hecho a posta lo de no dejar claro quién era el chico y quien la chica, o si eran dos personas del mismo sexo. Eso me dejó bastante alucinada porque yo creía que se veía claro quién era quién.

Absence: Yo no tengo dudas de quién eres tú y quien tu chico.

Ana Oncina: Pues no fue la primera persona en decírmelo. Una pareja gay me confesó que no distinguían si croqueta y empanadilla eran dos chicos, dos chicas o chico y chica y que por eso se sentían identificados. Aunque no era esa mi intención me gustó que me lo dijeran.

Roser: Yo, a ti te veo empanadilla.




Mireia Pérez: Al final la cotidianidad es la máxima inspiración y empezamos a trabajar a partir de ella. Pienso en Úrsula K. Leguin, una novelista que, en los años 70 empezó a escribir ciencia ficción y es una mujer súper radical. Tiene un libro que se titula La mano izquierda de la oscuridad que va de unos alienígenas que no tienen sexo. 

Absence: En los años 50 Theodore Sturgeon escribió una novela titulada Venus + X sobre un astronauta que llega a un planeta donde los alienígenas son hermafroditas y van cambiando de sexo masculino a femenino. De hecho, tratar el género desde la ficción es muy chulo.



Mireia Pérez: Yo llevo tres años escribiendo y dibujando un cómic cuyos protagonistas son hermafroditas y me está costando cantidad. De entrada, ya es difícil escribir el guión sin usar el artículo masculino y el femenino. Luego, montar toda una sociedad es un follón.

Roser: Una cosa que siempre me gusta preguntar a mis entrevistados es si sois de los que dibuja con papel y lápiz o bien ya os habéis pasado al ordenador.

Ana Oncina: A mí me gusta plantearme la viñeta en el papel, pero dar el paso a hacerlo todo en ordenador es bueno.

Mireia Pérez: Yo ahora estoy en plena transición.

Natacha Bustos: Yo también y supone un ahorro de tiempo importante aunque, por otra parte, echo de menos el papel por eso he empezado a experimentar con acuarelas. Lo hago por placer ya que con el dibujo digital encuentro a faltar hacerlo a mano.

Mamen Moreu: Yo soy de las de lápiz y papel. Me gusta hacer el boceto a lápiz y luego pasarlo a limpio. Además, por inseguridades mías, hasta que no acabé Resaca no conseguí entintar porque me temblaba mucho el pulso. De hecho, todo el cómic está hecho a lápiz.

Absence: ¿Y cuando tengáis que hacer una exposición sobre vuestra obra qué haréis si no tenéis originales?

Roser: Eso te debe pasar a ti ahora, Clara, que tienes la exposición de Colmado Sánchez en el Salón del Cómic.

Clara Soriano: Pues sí. Me estoy tomando la exposición con mucho cariño y hasta he hecho originales a propósito para la ocasión. Así que habrá obra digital combinada con originales realizados a posteriori, cosa que se indicará convenientemente en la muestra.

Mamen Moreu: Yo, si gano el premio a autor revelación, el año que viene sí que tendré originales para exponer (risas).

Roser: Supongo que, en el futuro, todo el que se dedique al dibujo e ilustración lo hará digitalmente, por comodidad, ya que os facilita mucho el trabajo.

María Dembillio: A mí no me miréis que soy antigua.

Clara Soriano: ¿Y en tú época como lo hacíais?

María Dembillio: Era muy artesanal. Todo era dibujar, borrar, pasar a tinta…Yo recuperé unos originales de mi marido  y míos que estaban perdidos.

Roser: ¿Y cómo los has conseguido si en tu época las agencias se quedaban los originales?

María Dembillio: el jefe de Selecciones Ilustradas, Toutain, murió hace años. Luego, también falleció Pepe González, un dibujante de la agencia que, tras la muerte de Toutain, había conseguido recuperar muchos de los dibujos que todos nosotros habíamos hecho en la agencia. La cuestión es que, cuando la familia de Pepe vació el piso, se deshizo de todos esos originales y los dejó en la calle. ¡Suerte que los encontró un chico del barrio, se los llevó a su casa y nos fue llamando a todos, uno a uno para devolvérnoslos! Yo a él no lo conocía. Cuando llamó a casa respondí al teléfono y me preguntó si era la mujer de Julián. Dije que sí y entonces me contó que tenía dibujos originales suyos y que nos los quería dar. Al final un día vino a casa, nos los dio y nos pidió las direcciones y los teléfonos de los otros dibujantes que él no conocía para devolverles sus originales.

Roser: Pues fue una suerte que quien encontrara los dibujos fuera alguien que le gustaba el cómic porque podría haber sido cualquier otro y el destino hubiera sido muy diferente.

María Dembillio: Sí, era un entendido porque, cuando vino a casa, vio dibujos que teníamos de Estados Unidos y nos decía… ¿Tienes esto? Pero si es muy bueno…

Natacha Bustos: Yo, si tengo que exponer, hago los originales después, cuando me llega el  encargo, como con las comissions.

Absence:¿Todas hacéis obras por encargos de particulares, es decir, comissions?

Ana Oncina: Yo no.

Mireia Pérez: Ni yo.

Mamen Moreu: Yo tampoco pero si algún día me llega un encargo de esos lo haré encantada porque necesito ingresos.

Absence: Natacha, ¿Qué tipo de dibujo te piden en esos encargos?

Natacha Bustos: Normalmente superhéroes, como la Zatanna, que cuando me la pidieron no tenía ni idea de quién era y tuve que investigar. Ahora ya sé que es una especie de maga que lleva chistera.


Zatanna (Adam Hughes)

Roser: Cuando voy a ver una exposición de dibujantes lo que me gusta es ver los originales y los bocetos previos a la obra final. No una impresión digital que, para mí, no tiene ningún valor artístico. Por eso le doy tanto valor a quien todavía dibuja con papel y lápiz.

Natacha Bustos: Yo fui a ver una exposición en el Salón del Manga y salí indignadísima porque todo eran impresiones digitales y no me gustó nada.

Roser: María, en Selecciones Ilustradas trabajabais para el mercado Europeo, ¿verdad?

María Dembillio: Sí, especialmente para Francia, Italia, el Reino Unido y también Alemania. La forma de funcionar en la agencia era la siguiente: primero nos daban todo el guión, que venía del Reino Unido. Aquí lo traducían y nosotros hacíamos los dibujos. Yo misma tuve que traducir algunas cosas del francés y recuerdo haberlo hecho con el diccionario en la mano. Pero fue cuando estábamos en Ediciones Toray. Luego terminamos en Bruguera trabajando para Holanda y el Reino Unido. Incluso hubo una época en que hasta hicimos cómic erótico para Italia. Entonces, mi hija Cristina era pequeña y, cuando entraba en el estudio, escondíamos los dibujos.

Roser: Hacíais cómics eróticos para Italia mientras en España estábamos en pleno franquismo.

María Dembillio: Pues sí, pero en esa época ya no estábamos en Selecciones Ilustradas. Mi marido solía trabajar por la noche y yo, cuando me levantaba por la mañana, ya tenía la página hecha. Solo le faltaban los fondos, que de eso me encargaba yo además de hacer los vestidos, ya que él no tenía ni idea de la moda. Cuando hacíamos cómics de terror Julián siempre decía que se pasaba la noche con esqueletos.



Clara Soriano: ¿Era habitual que casi todos los dibujantes españoles acabaran trabajando para Europa?

María Dembillio: Sí, muy normal. Es que pagaban mucho más que en España.

Clara Soriano: Ahora continúa igual.

María Dembillio: Y el que trabajaba para Estados Unidos se forraba. Nosotros, una vez fuimos a Bruselas, a la editorial de Tintín y conseguimos que nos dieran trabajo pero estaba tan bien pagado que, al final, nos asustamos y les dijimos que no.

Clara Soriano: Os dio pánico escénico, vaya…

María Dembillio: La cosa era que si aquí te pagaban 10 pues allí eran 30. Siempre me he arrepentido de esa decisión. Fuimos dos parejas y al final nos dio miedo. En cambio, en Italia, aunque pagaban mejor que en España, era mucho menos que en Bélgica.

Roser: Siempre hay que decir que sí a todo. Luego ya sabrás como salirte del entuerto y lo más seguro es que lo hagas bien.

Clara Soriano: Antes debería ser muy complicado ponerse en contacto con editoriales extranjeras.

Roser: Vosotras ahora lo tenéis mucho más fácil con Internet. Las redes sociales os deben ser de gran ayuda.

Clara Soriano: Sí, dan mucha publicidad. Hay un trabajo de marketing interno que los dibujantes de antes no podían hacer. Hoy en día, si dibujas, también tienes que ser un buen publicista de tu propio trabajo.

Roser: Todos tenéis blog, web, facebook y twitter como mínimo y os publicitáis a partir de aquí. En cambio, en los años 60, tener agente era casi obligado.

María Dembillio: Sin agente no hacíamos nada.

Roser: Ahora la mayoría creo que os lo hacéis todo vosotros mismos ¿no?

Clara Soriano: Los que trabajamos para el mercado español, desde luego.

Roser.- Internet facilita mucho las cosas en este sentido. Hace muy fácil que personas con intereses comunes se encuentren. De hecho, de ahí surgió vuestra idea de crear la web de Caniculadas, ¿no?

Mireia Pérez: Sí, claro. Antes de empezar a moverme por la red  yo solo conocía a Laura Pacheco y un par de chicas más.

Absence: ¿Existe el típico tío baboso aficionado a los cómics?

Mireia Pérez: Sí que existe, pero también la mujer tarada aficionada a los cómics.

Roser: Mireia, en tu faceta de librera debes ver muchas tipologías distintas de lectores…

Mireia Pérez: La librería en la que trabajo es muy generalista y va todo tipo de gente. Especialmente, gente mayor que lee cómics. Eso me llama mucho la atención. Suelen ser personas que ya han leído los básicos como Persépolis. Muchos son arquitectos, diseñadores… Podríamos decir que el cliente de La Central de Madrid sería el equivalente a la burguesía catalana pero en Madrid.



Absence: ¿Y el típico chaval tímido lector de cómics?

Mireia Pérez: De estos aún los hay más y también chicas.

Natacha Bustos: Gente de esa que me encarga comissions es así. Una vez, durante una sesión de firmas, me vino una chica con una carpeta bajo el brazo y me dijo que era coleccionista y quería un dibujo mío. Me pidió cuánto cobraba y que le pasara las tarifas.

Absence: De niñas y adolescentes, ¿Qué tipo de cómics solíais leer?

Ana Oncina: Manga. Me gustaba “La familia crece”, una serie romanticona que, vista ahora, me parecería horrible.

Natacha Bustos: Yo también leía Manga.

Mireia Pérez: Debo decir que la primera vez que estuve en el Salón del Cómic fue haciendo cosplay. Tenía quince años e iba disfrazada de un personaje de Masakazu Katsura. Mi abuela, que es modista, me hizo el traje de colegiala de Is ¡Y era clavado! En cambio, la segunda vez que vine ya fue nominada a mejor obra por La muchacha salvaje.



Natacha Bustos: Por el tipo de dibujo de Masakazu Katsura, las tías entraban a tope en el manga.

Absence: Una cosa que me llama la atención es que vosotras os dedicáis al cómic porque leísteis manga, donde había historias de amor y, en cambio, no conozco ningún caso de autora de cómic que decidiera ser dibujante porque leía Esther y su mundo”.

Roser: Hombre, yo creo que sí las hay pero ya son algo más mayores, de otra generación.



Carla Berrocal: Casi todas las autoras que nacimos cerca de los años 80 hemos consumido Manga y empezamos a dibujar porque nos gustaba.

Natacha Bustos: Nosotras empezamos leyendo manga a los nueve o diez años pero luego nos quedamos atrapadas por la magia del cómic.

Absence: ¿Y el que hubiera tramas románticas influyó?

Natacha Bustos: No mucho. Era más la estética de los dibujos.

Mireia Pérez: Eso de ver el dibujo de la chica y pensar… ¡Ay qué guapa! En cambio, luego en seguida me empezó a gustar Miguel Ángel Martín.

Bea Tormo: Sobre los diecisiete años empecé a leer Asterix, Tintín y El Jueves.



Clara Soriano: A mí me gustaba el Anime pero antes leía Mortadelo y Filemón, Zipi y Zape, Esther y su mundo, Astérix… De hecho, todo lo que pillara y cosas muy distintas hasta que descubrí el Anime y empecé a copiar Manga. También me gustaba copiar las Guapísimas de TBO.

Mireia Pérez: Yo tuve mucha suerte porque en la librería donde iba a comprar trabajaban unas chicas que me sacaban cosas en las que, por mi sola, no me habría fijado. Al principio me interesaba el Manga pero ellas me enseñaban lo que hacían en La Cúpula.  Así que, con quince años, ya leía cosas muy bizarras.

Mamen Moreu: Pues yo sí que leía El Víbora porque mi tía trabajaba en una librería y allí es donde lo conseguía. También me gustaban El Jueves y El pequeño País que publicaba las historias de Leo verdura. Y, en general, todo lo de Mauro Entrialgo e incluso cómic porno. En cambio, no entré en el Manga hasta pasados los veinte y fue porque salía con un chico, que era profesor de la Joso, y  me enseñaba cómics chulos japoneses.

Roser: Otra cosa que me gusta saber y suelo preguntar es cómo os sentís más cómodas ¿Dibujando y escribiendo vuestras propias historias o trabajando con un guionista?

Ana Oncina: Yo ahora estoy metida en un nuevo proyecto con un guionista. Es una novela gráfica y, como aún me veo muy inexperta en ese sentido, prefiero hacerlo así. Además, me parece una forma de aprender y evolucionar.

Mireia Pérez: Para mí el cómic es algo muy personal y llevo muy mal lo de los encargos. Así que, más que dibujar las historias de otros lo que me gusta es venderlas en la librería.

Bea Tormo: A mí me gusta hacerlo todo yo porque sé lo que me cabe en una viñeta y lo que puedo abarcar.

Clara Soriano: Yo también funciono mejor sola. Además, mi trabajo alimenticio es la ilustración de libros de texto. Así que, como menudo me toca tener que trabajar para otros,  prefiero que mis cómics sean en solitario.

Mamen Moreu: Yo igual que las demás. También mejor sola.

Absence: ¿Alguna vez un guionista os ha hecho repetir los dibujos porque no le gustaban?

Natacha Bustos: A mí me ha ocurrido mucho y he acabado hasta las narices. Por eso ahora he empezado a hacer una obra con guion y dibujo propio.

Bea Tormo: Yo he tenido suerte en este sentido.

Roser: María, a ti eso no te podía pasar ¿no? Como el guionista lo teníais en otro país…

María Dembillio: Solo nos ocurrió una vez con un guion de Holanda en que teníamos que dibujar una casa. Nosotros, hicimos la típica casa de campo catalana y nos mandaron, desde Holanda, fotos de cómo eran las casas allí para que las hiciéramos igual.

Roser: Deberíais tener un gran archivo fotográfico para documentaros.

María Dembillio: Sí, había un armario lleno de fotos: coches, grandes almacenes como Harrods, etc. Hasta una vez tuvimos que dibujar El Pentágono y no teníamos ni idea de cómo hacerlo.

Roser: Ahora con Internet es fácil pero antes…

María Dembillio: Las revistas también eran una gran fuente de información. Mi marido las ojeaba todas y lo que fuera interesante lo recortaba y lo metía en el archivo. Guardábamos hasta fotos de besos de parejas para ilustrar las historias románticas.

Roser: Por cierto Ana, ¡Eres toda una best seller! El otro día estuve en La Cúpula y me contaron que has vendido 12.000 ejemplares de Croqueta y empanadilla.

Ana Oncina: Si te lo han dicho ellos será así… No fue intencionado pero llegar a tanta gente y, sobre todo, a un tipo de público que no suele leer cómic… ¡Aún no me lo acabo de creer! Además es lo primero que publico.


Natacha Bustos: Lo bueno de Ana es que su estilo gusta a todos los públicos.

Mireia Pérez: Desde el año pasado que el mercado está viviendo un auge de este tipo de cómic y con autores muy interesantes como tú o Moderna de Pueblo, entre otras. Por ahí hay un mercado.

Absence: Por eso se entiende el miedo que tienes a introducir escenas de sexo más explícitas.

Ana Oncina: Pero, aunque el público que me lee es amplio, mis historias no van destinadas a niños y, cuando me lo dicen, me toca un poco las narices.

Absence: A mi hijo con seis años le encantaba David Rubín y aún le sigue gustando aunque no sea para niños.

Roser: Esto también ocurre con las series de animación actuales. A nuestros hijos les encanta Historias corrientes y, en cambio, no es en absoluto para niños. De hecho, el otro día estuvo en Barcelona Simon Hanselmann  presentando Bahía de san Búho. Absence tuvo la suerte de poderlo entrevistar y yo le encargué que le preguntara por si tenía alguna relación con los creadores de la serie de televisión porque le veía muchas similitudes.




Absence: Me respondió que sí, que son amigos suyos y que se copian las ideas. Y todo esto me lleva a pensar que Croqueta y empanadilla o La muchacha salvaje podrían ser series de televisión.

Mireia Pérez: Y Aventuras espaciales ilustradas de Natacha Bustos también podría. En cuanto los de la Cartoon Network se den cuenta de lo que hay… De hecho, la diferencia no es tanta. Es una industria distinta pero paralela.